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Atencia

Sus libros

Las contemplaciones

Las contemplaciones

Poesía de poetas individuales120 pág.ISBN 9788483105283

La obra de María Victoria Atencia nos habla de un mundo poético inconfundible, de escenas breves e instantes detenidos, en poemas de una delicada musicalidad interna. Todo ese mundo, labrado a lo largo de una larga trayectoria literaria, culmina en Las contemplaciones, cuyo título bien pudiera cifrar su manera, serena y sosegada, de entender la poesía y ofrecérsela al lector.   «La perfección, sin historia, sin angustia, sin sombra de duda, es el ámbito—no ya el signo, sino el ámbito—de toda la poesía que yo conozco de María Victoria», dijo de ella María Zambrano. Y, en efecto, la poetisa lanza sobre el mundo exterior una mirada que, sin dejarse embaucar por el sentimentalismo, ahonda en pequeñas escenas, en detalles y objetos aparentemente cotidianos, que descubren bellezas inéditas, valores insospechados. Como en un cuadro de Vermeer, los poemas de Las contemplaciones revelan puntos de vista inesperados que aleccionan acerca de cómo enfocar el mundo y la vida que transcurre, de cómo apreciarla y darle su justa dimensión, a veces, como reconoce la propia autora al final del libro, incluso «sin más contemplaciones».

El hueco

El hueco

Poesía de poetas individuales144 pág.ISBN 9788483108499

Pocos poetas han recibido ya desde sus primeras obras tan encendidos elogios como los que a María Victoria Atencia han dedicado nada menos que Jorge Guillén («verso noble y tan sencillo»), María Zambrano («la perfección, sin historia, sin angustia, sin sombra de duda»), Pablo García Baena («encadenada fidelidad a lo real») o Felipe Benítez Reyes («una poesía de la reflexión que fabula»). Ahora, cinco años después de Las contemplaciones (Marginales 158), obra que en 1998 obtuvo el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Andalucía de la Crítica, Tusquets Editores ofrece a los lectores El hueco, su libro de poemas más reciente.   Con El hueco, la autora malagueña da un paso más—hasta las últimas consecuencias en lo que se refiere al lenguaje—en su andadura por esa poética sin concesiones, sin engaños ni, por supuesto, autoengaños: «Dios me libre / de cualquier modo de falsificarme». Desde la serenidad, o como María Victoria Atencia prefiere, desde la búsqueda de la serenidad, y de modo cada vez más depurado, este libro aborda lo real, pasado por el tamiz de la memoria y contemplado siempre desde las cosas, desde el Otro, un Otro que habla a su vez mediante opuestos: la ciudad y la naturaleza, el arte y la vida, el sueño y la realidad, a veces imbricados hasta fundirse, gracias al ser que los experimenta. Así, cualquier vivencia (el mar, el amanecer, un cuento, la llegada del otoño) puede convertirse en símbolo de la levedad humana, del desencanto de la infancia o del paso del tiempo. Y, por encima de todo, dando sentido al libro entero, la vivencia del hueco, también «oscuridad o ángeles», de múltiples resonancias.