AureGut
Nació en Molleturo, Cuenca (Ecuador) en el año de 1972. Su estudio de primaria lo realizó en la escuela pública Juan León Mera. Se gradúa como bachiller en el colegio Orientalista Salesiano, en la ciudad de Cuenca en el año 1991 y, en ese mismo año, ingresó en la Universidad de Cuenca, en la facultad de Filosofía, Escuela de Historia y Geografía, egresando años más tarde. En el año 2008 se graduó como abogado en la Universidad Católica de Cuenca.
Se crio y se educó bajo el cuidado de sus abuelos ma-ternos, don Eloy y doña Rosario, así como bajo la protección de sus tías, Rosa, Esther y Dolores. Desde niño, fue muy inquieto y amante de la naturaleza, así como de practicar las artes, como canto, teatro, danza… En definitiva, actividades complementarias a su vida. Formó parte de la primera compañía de teatro auspiciado por la casa de la Cultura núcleo del Azuay, en la obra Don Juan Tenorio.
En el año 1998 emigró a España, debido a la crisis política y económica que atravesaba el país, fue allí donde empezó a realizar sus borradores de poemas y pensamientos. Regresó a Ecuador en el año 2001, allí siguió escribiendo sus experiencias y vivencias, sin pensar que algún día haría públicos sus sentimientos en estrofas y que los vería publicados en un libro.
La vida no es completa en su alegría, por más que cada día se busque la felicidad. El círculo natural de la vida, tarde o temprano, toca las fibras más íntimas del sentimiento. Uno de esos golpes fuertes que sufrió en su juventud fue la muerte de su abuela, situación que, de alguna manera, lo dejó al desamparo por la protección y cariño infinito que de ella recibía. El tiempo transcurrió, las heridas se amortiguaron, formó su familia, hoy vive junto a ellos en la ciudad de Cuenca, conocida también como la «Atenas del Ecuador» o «Santa Ana de los Cuatro Ríos».
Su libro

El silencio de mi palabra
«Quizá con el pasar del tiempo, repose sobre la memoria ágil de quien cruce su mirada por estas hojas y nunca deje en el sombrío del espacio perderse y morir sin antes haber llegado al corazón de un ser amado, un amigo o tal vez los mismos que son historia entre mis manos y los recuerdos diarios escritos. Estas son palabras descifradas del espíritu, regadas con sangre que corre entre los espacios de mi cuerpo. Transmiten mis alegrías y desasosiegos nocturnos, pasajeros y caprichosos. Como todo ser, por pasar aunque sea un instante por el verdor de la natural espesura, crea su historia, y más aún de alguien que de su vida hizo tanta historia sin cuento. Si la pueden divulgar entre el sonoro de las voces, alguien guardara en lo más profundo de su alma. Para que no olvidemos que amar es sufrir, romper las leyes humanas y divinas. Que sea un adiós o un encuentro ligero, pero dedico al que comprenda y sonría con ternura mis travesuras».
