Botín
Sus libros

Raúl Castro: la pulga que cabalgó al tigre
En la historiografía de la revolución cubana, Fidel Castro acapara el protagonismo absoluto. Su hermano Raúl está considerado como un satélite que orbita alrededor suyo. Pero Raúl Castro tiene una personalidad propia, oscura y compleja, que nunca ha sido desvelada del todo, como tampoco la decisiva influencia que ha ejercido sobre Fidel desde los orígenes y en los momentos clave de la revolución. Con una exhaustiva documentación y testimonios de familiares y colaboradores hoy exiliados, este libro indaga en la figura de Raúl Castro, en su infancia y adolescencia de parrandero y bebedor, amante de las peleas de gallos y torero ocasional, que fascinado por su hermano mayor, decidió acompañarlo en su aventura revolucionaria. En la Sierra Maestra, Raúl Castro creó el embrión del futuro Estado comunista y fue el responsable de la sovietización del país. A pesar de su fidelidad perruna, Fidel siempre le despreció my torpedeó todos sus intentos de crear estructuras colegiadas de poder. Eso le llevó muchas veces a la desesperación y al alcohol. Fidel Castro siempre dijo que Raúl era más radical que él. Nunca le tembló el pulso para deshacerse de enemigos, compañeros de viaje e incluso amigos muy cercanos, como el general Arnaldo Ochoa, para fortalecer el poder de su hermano. Y también el suyo. A la sombra de Fidel, Raúl Castro ha construido un poderoso entramado sustentado en el ejército y los servicios secretos y controla también la economía del país a través de un poderoso holding empresarial en manos de las Fuerzas Armadas. Raúl Castro tiene el poder necesario para blanquear la revolución en las urnas. Pero mientras viva Fidel seguirá siendo una insignificante pulga asustada por el rugido del tigre.

Los funerales de Castro
Cuatro años en Cuba como corresponsal de Televisión Española deberían ser suficientes para agotar mi capacidad de asombro. Pero no ha sido así. Cuba, como la pipa de Magritte, no es una isla, es la imagen de una isla. Hay que vivir en Cuba para saber cómo es la vida cotidiana, para entender que hay dos situaciones, una real y otra virtual, y que los cubanos habitan ambas a la vez sin estar locos, como dice el bolero de Richard Danenberg. Cuba no es el mundo feliz que reflejan los medios de comunicación ni las penurias de sus ciudadanos son consecuencia del bloqueo impuesto por Estados Unidos, país que, paradójicamente, se ha convertido en el principal suministrador de alimentos a la isla, antaño exportadora. En Cuba hay una realidad que es necesario mostrar y que se refleja en Los funerales de Castro, un libro fruto del contacto directo con los cubanos y de una rigurosa investigación, con documentación muy difícil de conseguir y, sobre todo, conservar, por la estrecha vigilancia que ejerce la seguridad del Estado sobre los periodistas extranjeros. Es un libro escrito con rigor, con mucha ironía y sentido del humor, donde hay poemas y canciones, sobre todo boleros, con los que los cubanos tratan de exorcizar sus demonios. Parafraseando al poeta Francisco Riverón Hernández, el libro, «nació de mis ojos que han visto las cosas, de mis oídos que escucharon las palabras y de mis manos que han recogido los acontecimientos».
