Brand
Sus libros

Mandela, mi prisionero, mi amigo
Christo Brand se crió en una granja sudafricana. A los 18 años era un chico blanco afrikáans que había crecido empapándose de la cultura responsable de las leyes del apartheid. Nelson Mandela también creció en una comunidad rural. Su padre era un jefe tribal que lo envió a estudiar Derecho para que pudiera tomar parte en la lucha contra el apartheid, lo que le llevó a la cárcel. Sus mundos, tan opuestos, entraron en colisión cuando Christo entró a trabajar en el servicio penitenciario estatal y fue enviado a Robben Island para vigilar a los prisioneros encarcelados allí, de los que Mandela era el indiscutible líder. Christo y Mandela, que entonces tenía 60 años, podrían haberse convertido en enemigos acérrimos. En cambio, forjaron una extraordinaria amistad hecha de pequeños gestos que estableció un vínculo inquebrantable entre ellos. Durante aquellos años, Mandela sufrió mucho por el distanciamiento obligado de su familia. Se le prohibió ir al funeral de su madre, lo que para él supuso un enorme desgarro. Un día, su mujer, Winnie, trajo en secreto a su nieta a Robben Island. Christo puso en riesgo su trabajo al llevarle al bebé a Mandela para que lo sostuviera. Su amistad quedó sellada por momentos compartidos como ése. A veces sólo por un gesto o una sonrisa; otras, por un acto de generosidad. Y el lazo entre ellos se extendió más allá de los años de prisión de Mandela. Siendo ya presidente de Sudáfrica, Mandela buscó a Christo y le ofreció un trabajo en los archivos del Parlamento. Invitó a Christo y su familia a su casa y lo consoló cuando uno de sus hijos murió en un accidente de tráfico. Pocas semanas antes de morir, Mandela le llamó para despedirse. Esta es la historia de un hombre al que Mandela, gracias a su espíritu, su bondad y su carisma personal, hizo cambiar con las mismas armas con las que luego transformaría a toda una nación.

Los caballos de Hitler
La increíble historia del detective del arte que localizó uno de los grandes iconos nazis.En 2014, el‘detective del arte’Arthur Brand es convocado por su viejo amigo y mentor Michel Van Rijn (un antiguo traficante de antigüedades reconvertido, supuestamente, en colaborador encubierto de Scotland Yard), para pedirle que se encargue de un caso: la puesta a la venta de dos caballos de bronce, de tres metros de altura, que habían estado frente a la Cancillería del Reich. La hipótesis de partida es que se trata de una falsificación que algún personaje relacionado con los círculos neonazis intenta vender para financiar sus actividades clandestinas y subversivas. Pero Arthur Brand pronto descubre que pueden estar tras la pista de las verdaderas estatuas que, lejos de haber sido destruidas como siempre se había creído, estarían ocultas en algún lugar. Críticas:El Indiana Jones del mundo del arte,Daily TerlegraphSe lee como una novela de John Le Carré, NieuwsuurOlvida la películaThe Monuments Men, en la que George Clooney salva el arte de manos de los Nazis. El modo en que se recuperaron dos gigantescos caballos de bronce de la colección personal de Hitler–con la intervención de generales rusos y descendientes de nazis–es mejor que una película― Het Nieuwsblad
