Cunqueiro
Sus libros

Un hombre que se parecía a Orestes
Un hombre que se parecía a Orestes (Premio Nadal 1968) recrea de una forma totalmente libre el mito clásico del hombre destinado a vengar la muerte de su padre. La acción se paraliza después del asesinato de Agamenón, sin que la esperada venganza llegue a cumplirse. Orestes sabe que debe perpetrarla; pero el tiempo pasa y no ocurre nada. Y así resulta que los personajes del mito ya no funcionan en claves de fatalidad y trascendencia sino en los regocijos y amarguras de la vida cotidiana. Orestes ya no es el joven atleta admirado por Electra, sino un hombre ya adulto que viaja de incógnito. Y en todas las aldeas una muchacha le sonríe y le hace pensar más en la vida que en la muerte... La acción transcurre en una época indefinible en la que lo más antiguo coexiste con lo más reciente en una proximidad que sólo el sueño hace verosímil. Un hombre con dos cabezas, un caballo de madera que fecunda la yegua del abad, un patético Egisto que, obsesionado por la llegada del vengador, se finge caballero andante en busca de aventuras sin lograr por ello superar sus temores...Todo esto lo presenta Cunqueiro sin prisa, con un cierto regodeo en la frase, con frecuentes toques de humor y abundantes digresiones, dejando siempre suelta su inagotable y gozosa fantasía.

Papeles que fueron vidas
La obra de Alvaro Cunqueiro vuelve una y otra vez, bajo distintas formas, a asombrarnos no sólo ya por su prolijidad, sin también por su extrema imaginación y su exigente rigor literario, como si en cada artículo, en cada crónica, en cada relato, sintiera la obligación de superarse. En ningún momento tiene el editor la sensación, como suele decirse, de estar rascando «el fondo del cajón» : aparecen siempre nuevos textos, perdidos entre las hojas de los periódicos en los que ha ido colaborando a lo largo de su vida, como estas extraordinarias páginas literarias. Durante poco más de dos años, entre septiembre de 1973 y diciembre de 1975, Cunqueiro envió noventa y tres artículos al suplemento literario del vespertino barcelonés, hoy desaparecido, El Noticiero Universal, dirigido entonces por Enrique Badosa y Julio Manegat. Xesús González excluyó de ellos para este libro tan sólo aquellos, muy pocos, que escapaban excepcionalmente a la línea que el propio Cunqueiro se había trazado para esta sección : su experiencia literaria, expuesta a su manera, de unmodo poco sistemático, utilizando como pretexto un libro, un escritor, un viaje, una noticia o el catálago de una exposición para pasar a inventar él mismo una historia, para reelaborar él mismo las obras que contemplaba, leía o vivía a través de otros, según su propia visión de la creación literaria. A estos auténticos relatos se unen no sólo textos en forma de crónicas literarias, sino también reseñas periodísticas, en las que exhibe todo su saber y sus lúcidas—y a veces implacables—opiniones, así como artículos propiamente dichos en los que comenta asuntos literarios de diversa índole y de culturas distintas. Por la riqueza de ideas y sugerencias, Papeles que fueron vidas hace las veces, leído hoy, de guía de lecturas, de cuaderno de bitácora de la aventura literaria vivida por uno de los escritores españoles más importantes de nuestro siglo.

Fábulas y leyendas de la mar
Dedicados todos ellos al mar, estos textos de Álvaro Cunqueiro son la mejor muestra de su capacidad, siempre renovada, da fabulación. Y es que todos ellos surgen de la fascinación, también sin límites, ante mares y océanos, pletóricos de tantos y tantos misterioos, de zoologías quiméricas, de increíbles geografías submarinas, de temerosas historias y trágicas leyendas sin fin. «Leyendo a Cunqueiro, en la fantasía libre y desatada de estos artículos», subraya Néstor Luján en el prólogo, «se comprende que se sintiera obligado a narrar cuanto imaginaba, que quisiera conservar la incitación que es para el hombre un mundo que tiene muchos significados, infinidad de enigmas enriquecedores, muchedumbre de noticias prodigiosas. Y se agradece profundamente que quisiera perpetuar todo ello con espléndida eficacia, "como quien, en cabaña de monte nevado, conserva el tesoro del fuego".»

La cocina cristiana de Occidente
Toda la cultura y la historia del Occidente cristiano están plasmadas en su cocina. La austeridad y la prohibición engendran pronto transgresión, y reyes, guerreros, obispos y poblaciones enteras, desde hace veinte siglos, no han hecho sino obedecer de manera sistemática las leyes de la templanza para esmerarse en satisfacer unos gustos, deleites y placeres cada vez más sofisticados. Con humor y erudición, Álvaro Cunqueiro vuelca sus vastos conocimientos del arte culinario y también sus invenciones: porque el hombre civilizado ha puesto mucha más imaginación en la cocina que, por ejemplo, en el amor o la guerra.
