Eliezer Pascual Peña
La RAE me define como «jubilado: desechado por inútil». Pertenezco a esa clase de «seres» a quienes nos gusta realizar ciertas actividades ociosas, es decir, que no producen «oro» ni oropeles: palíndromos. Trabajamos «solos», nuestra herramienta es la palabra y la retorcemos y jugamos con ella, pero «ojo», procuramos utilizar las que «ya hay», sin trampas (aunque a veces hay que inven-tar alguna que debiera estar en el diccionario). Cuando «sacas» (conseguimos) uno bueno, «somos» felices, felicidad mística y total, gritamos «¡ajajá!» y nos «sometemos» al escrutinio de los demás palindromistas que, reunidos en el Club Palindromista Internacional, en su revista «Semagames» y en «Rever», suelen «reconocer» nuestro empeño. Pensar no es malo, «aviva» la mente y «azuza» el ingenio. «Añado: nada, no daña».
Su libro

El bon ser es noble
Estas coplas encendieron en mí la llama poética y siempre me han acompañado, particularmente la dedicada a don Álvaro de Luna, gran enemigo del padre de don Jorge Manrique, don Rodrigo Manrique, del Príncipe, del marqués de Santillana, de la Reina, de los infantes de Aragón... Tuvo también muchos amigos: Juan de Mena, el arzobispo de Toledo, el Rey (hasta que dejó de serlo), sus fieles criados, en especial Gonzalo Chacón... Vida y muerte, grandeza y miseria, fieles y traidores, victorias y derrotas, principio y final, «sus», «sus», «sus»… ¡Palíndromos! El drama está ambientado en la misma época que las coplas con muchos de sus personajes con una gran diferencia: las coplas son del más excelso poeta que ha existido y el drama de su más fervoroso admirador.
