Francisco Cajiao Restrepo
Sus libros

La educación colombiana desde mi columna
No hay en Colombia un columnista que le haya dedicado tantos años a escribir sobre educación, como Francisco Cajiao. Lo ha hecho de manera persistente y apasionada, oportuna y documentada. Su mirada no ha sido la de un analista externo, que observa su objeto a la distancia, sino la de alguien que ha vivido intensamente aquello de lo que habla. Como observará el lector de este libro, hay una gran cantidad de columnas que ha dedicado a los maestros, siempre con un sentimiento cálido de reconocimiento y con una valoración indeclinable sobre el significado social de su trabajo. Maestros del Guaviare o de Boyacá y de los lugares más distantes del país por donde ha caminado aprendiendo de ellos.La escritura periodística tiene varias singularidades. Está marcada por un tiempo que transcurre rápidamente, atiende a momentos muy precisos, a un ambiente histórico del que no debe escaparse si desea hablarle al lector exigente de análisis e interpretaciones y es presionada por acontecimientos que suceden inclusive el día anterior. Pero junto a este clima fugaz, la escritura periodística tiene una vocación testimonial, una capacidad de intervenir de manera directa en debates con implicaciones prácticas y un respeto por la memoria de la que es una de sus fuentes canónicas. Todo ello se nota en este libro que recoge la obra periodística de Francisco Cajiao sobre educación.

La formación de maestros y su impacto social
Estas páginas constituyen un viaje por ese pequeño mundo social llamado escuela. No basta escolarizar. Es indispensable examinar lo que ocurre en respuestas a preguntas neCésarias: ¿cómo debe ser los maestros, cómo debe ser la escuela, ¿cómo deben ser nuestras comunidades de padres de familia, qué organización debe dar el Estado a su sistema educativo para que esto se pueda llevar a término, qué clase de personas queremos formar en nuestra escuela?

Instrumentos para escribir el mundo
Aprender a escribir es el acto más humano, más igualitario y más importante en la vida de una persona y, por tanto, enseñar a escribir es el acto más generoso, siempre y cuando haya la conciencia clara de que la escritura convierte al esclavo en libre, al obediente en rebelde, al dependiente en autónomo. Enseñar a escribir es caminar en la sublevación del espíritu, que se logra cuando se piensa por cuenta propia y los pensamientos pueden ser guardados como memoria de la sociedad. Escribir no es reproducir signos, frases y textos en un cuaderno. Solo se escribe verdaderamente cuando se ejerce el poder de perpetuar el pensamiento propio, cuando la palabra escrita comunica el sentimiento, cuando el texto fijado en el papel se usa para cambiar el mundo. Por eso sólo se enseña a escribir verdaderamente cuando el maestro o la maestra ven en sus alumnos s esos seres humanos capaces de producir pensamiento propio, ideas audaces, deseos independientes, relatos, recuerdos significativos: cuando todo esto florezca en los niños y niñas será fácil aprender la mecánica de los signos. Aprender a escribir en el mundo contemporáneo exige conocer los nuevos lenguajes de la comunicación: la ilustración, la fotografía, el video, la radio y los hipertextos que circulan a través de Internet. Este es un nuevo reto que debe ser asumido por las instituciones educativas, si quieren ofrecer a los estudiantes la oportunidad de participar en el desarrollo del mundo en el que les ha correspondido vivir.
