Freijo
Sus libros

(Mal) Educadas
La mala educación nos hizo buenas para los demás. Ahora toca serlo para nosotras. Buenas esposas, concubinas, amantes, hijas, madres. Siglos de (mala) educación han insistido en formar a las mujeres como buenas servidoras, siempre al servicio de otro. Incluso cuando la escuela estaba fuera de su alcance, estas enseñanzas inorgánicas se repetían hasta convertirse en un sustrato permanente que todavía a día de hoy impulsa a las mujeres a cumplir miles de mandatos. Esto es lo que sostiene María Florencia Freijo en (Mal) Educadas: que las mujeres han sido y aún son preparadas, tanto desde la educación formal como la informal, para amar sin condiciones a riesgo de quedarse solas, para limitar su propio poder y para ceder sus espacios y libertades. Con una aguda mirada histórica y una escritura lúcida y personal, la autora encuentra en esta mala educación el hilo que ha unido durante siglos, y aún sigue uniendo, los destinos de muchísimas mujeres que siempre merecieron más.

La sal
"Me enorgullecí siempre de no llamarle papá, de ser capaz de no hacerlo".Creo que siempre esperé la muerte de mi padre como la prueba definitiva para comprobar si le quería o no. Porque, en el fondo, no me perdoné nunca el quererle. Tampoco me perdonaba el no quererle. Solo sabía que cuando él muriera, yo, probablemente, podría empezar a quererle en paz. Nacida a principios de los años setenta, Sibila, la autora de esta novela y la protagonista de esta historia, es una “niña nadie”, como muchos de los hijos de aquella generación de padres “progres” y ateos. Una cría infeliz, a menudo maltratada, que crece a la intemperie entre un padre dominante y alcohólico, pero también culto y sensible, y una madre ausente. Pasados ya los cuarenta y a raíz del inesperado dolor por la muerte del padre, la autora va desgranando su complicada relación con él, desde su niñez a la vida adulta, en lo que quiere ser un ejercicio sobre las infancias perdidas, lo absurdo y vital de los lazos familiares y la necesidad de querer y ser queridos. La sal es, además, la cronología de una muerte vivida en primera persona. Una mirada sobre el duelo, la pérdida y el desconcierto de una hija que únicamente hace una cosa por su padre: acompañarle en su muerte. Perdonarle cuando ya es tarde. En la novela también se habla del milagro de esas personas que nos “salvan” del desamparo, con un fresco familiar repleto de humor y ternura que llena sus páginas de personajes inolvidables que marcan la vida de la protagonista, como también lo hacen el cine, la literatura… En suma, La sal es una reflexión sobre la felicidad perdida, lo inevitable de los lazos familiares y el poder del perdón y del amor.
