Javier Ángel
Sus libros
Rescatando a Sara
Esta obra es una verdadera aventura del siglo xxi: la lucha desesperada de una madre por recuperar a su hija, el amor de un periodista por su profesión y por la justicia, un territorio lejano y hundido bajo el peso de la guerra, diplomacia de altos vuelos, viajes a Basora junto a una monja en mitad del fuego cruzado, negocios con mafiosos, una princesa iraquí que intenta ayudarles, tratos con el hampa… Y un final feliz. Estas, entre otras muchas, son las experiencias que han tenido que vivir Leticia (madre de Sara) y Javier Preciado, el periodista autor de Rescatando a Sara, que se sumergió de lleno en la historia, tanto que terminó involucrándose emocionalmente.

La era de la disrupción digital
Nada ha tenido tanto impacto en la historia de la humanidad como el cambio tecnológico. Si durante milenios los seres humanos vivieron básicamente con la misma renta per cápita, fue la Revolución Industrial, fruto en gran medida de nuevos hallazgos tecnológicos, la que hizo que nuestros ingresos se dispararan, y que a partir de 1800 se hayan multiplicado por veinte. Algo que ha sido posible incluso en lugares tradicionalmente poco desarrollados. Hoy nos encontramos ante una nueva oleada de innovaciones tecnológicas. Todas las anteriores han mejorado el bienestar humano en términos generales, pero también han generado dilemas, problemas y perdedores. Ahora, nuestras expectativas sobre la revolución digital son confusas. En primer lugar, porque, a pesar de la velocidad de los cambios, atravesamos un período de inusitada atonía en el crecimiento económico. Y porque, además, no sabemos el impacto que tendrán los robots, la inteligencia artificial y los algoritmos en el empleo y la distribución de la renta. En este panorama confuso y temeroso, los economistas Javier Andrés y Rafael Doménech trazan un mapa imprescindible para conseguir entender cuál es el futuro de nuestras sociedades en asuntos básicos como el trabajo, la desigualdad y el estado de bienestar. Y su punto de partida invita a la responsabilidad y la reflexión: no hay nada inevitable ni inexorable en las nuevas tecnologías. Pero para encauzarlas de manera adecuada es necesario que las decisiones personales, políticas y empresariales empleen esa tecnología para lograr una sociedad no solo más próspera, sino también más inclusiva.
