Javier Gálvez
Sus libros

La Divina Comedia. Infierno
Cuando Lucifer, el bellísimo (del latín lux luz y fero llevar, es decir el portador de luz), fue precipitado a tierra, creó, por el impacto, un enorme hueco profundo que terminaba, estrecho, en el centro de la misma tierra y en donde el demonio quedó bloqueado, incrustado. Esta tradición acató Dante cuando escribió el Infierno de la Divina Comedia. Obviamente, en el punto de impacto, en la superficie de la tierra, el hueco era muy grande, terminando en el punto central muy estrecho. Fue de esta manera como la estructura ideada por Dante tuvo la forma de un embudo. Lo que Dante no nos cuenta es cómo la tierra cubrió (solo en superficie) ese hueco, pues, cuando se perdió en medio del andar de su vida, se encontró por una selva oscura que necesariamente debía estar sobre el terreno que cubría lo que en origen era un hueco inmenso. Luego, en compañía de su maestro y guía, Virgilio, encuentra la entrada al báratro y desde ese momento en adelante los dos inician el viaje en el Infierno. También en este caso Dante no nos precisa dónde se hallaba esta puerta al Infierno, pero debía estar cerca de Florencia, ciudad corrupta y desviada que, con razón, según Dante, debía encontrarse por encima del mismo Infierno. Una vez entrados en el Infierno, Dante y Virgilio llegan al borde del abismo y desde allí observan el panorama. Los bordes de este inmenso báratro rocoso en forma de embudo están marcados por círculos transitables, desde los cuales, a través de oportunos pasajes, es posible bajar, de uno en uno, a los círculos inferiores. Desde su punto de observación los dos viajeros notan multitudes de almas transitando. Cada vez que se pasa a un piso inferior los círculos tienen una circunferencia y una superficie menor. Las almas son, por tanto, siempre más estrechas. Hay nueve círculos (nueve, número mágico). En cada círculo se castiga un pecado específico. El séptimo y el octavo círculo están subdivididos en más anillos concéntricos. El séptimo en tres anillos (tres, número mágico); el octavo en diez anillos (diez, número mágico de los pitagóricos). El noveno, y último círculo, está dividido en cuatro zonas cuyos nombres recuerdan los nombre de cuatro famosos traidores de la historia: la Caína, la Antenora, la Tolomea y la Judeca.

La Divina Comedia. Purgatorio
La estructura física del Purgatorio es parecida a la del Infierno, con la diferencia de que Dante nos presenta dos figuras geométricas complementarias y opuestas; el Infierno es un embudo clavado en la tierra que termina con un tubo que lo pone en comunicación con una isla, que es el Purgatorio, situada al otro lado de la tierra, a las antípodas de Jerusalén, que tiene forma cónica y que se eleva hacia el cielo de manera uniforme. Como en el Inferno, también en el Purgatorio las almas están divididas según el pecado y la pena que deben descontar, y caminan por unos pisos circulares que, a diferencia del Infierno, donde el borde abierto de estos círculos mira hacia el interior, al precipicio de un obscuro báratro, en el Purgatorio, en un ambiente luminoso y confiado, tienen a un lado la pared de la montaña y al otro la ladera del monte que cae, bajo el sol, hacia abajo, hacia la ribera. Los pisos comunican el uno con el otro a través de unas escaleras esculpidas en la roca. Bajo el perfil histórico es de recordar que el Purgatorio, lugar de expiación de las penas leves después de la muerte, fue establecido en el Concilio de Lyon de 1274, donde se afirmó que los que murieron en la caridad de Dios con verdadero arrepentimiento de sus pecados, antes de haber satisfecho por ellos con verdaderos frutos de penitencia, serían purificados después de la muerte con penas purgatorias y transitorias. Dante tenía en ese año en torno a los nueve años y asistió jovencito a las vivas polémicas y debates que de inmediato surgieron. Los críticos de la Iglesia mantenían que esta nueva invención era originada por la necesidad de recaudar fondos para alistar una nueva cruzada, luego del fracaso de la octava cruzada en la cual participó el rey francés Luis IX el Santo, muerto prisionero de los musulmanes, en Túnez, en 1270 (cuando Dante tenía cinco años). En el Purgatorio Dante repite más veces que los fieles, en la tierra, pueden reducir la permanencia de las almas en el Purgatorio, independientemente de la cantidad de dinero ofrecida a las instituciones eclesiásticas tal como venía predicado oficialmente.
