José Dario Herrera González
Sus libros

Pedagogía y territorio
Tal vez podamos convenir en que el auge de la cartografía se ha debido a una necesidad política más que a una necesidad científica. Desde Habermas (1973) aceptamos que todo conocimiento está en función de algún interés. Cómo nombremos ese interés no es poca cosa, pero siempre habrá, acaso, más de una posibilidad. La distinción habermasiana entre interés técnico, práctico y emancipador sigue siendo muy útil y sigue enseñándose en muchas escuelas de investigación. La clasificación que establecen Guba y Lincoln (2012) amplía un poco los planteamientos de Habermas y destaca nuevamente el papel central que ocupan los valores y las opciones políticas en nuestra forma de entender el conocimiento y la investigación. El gran avance de estos autores con respecto al Círculo de Viena y al racionalismo crítico de Popper (1978) consiste en plantear que el interés que orienta al científico no es solo científico, es también y fundamentalmente político. Desde esta postura se deduce también que todo conocimiento es político no solo porque pueda usarse de tal o cual manera, sino porque el conocimiento mismo responde a un proyecto de sociedad, a una visión de la ciencia, de su uso, de su lugar en la comprensión de nuestra realidad. La ciencia, el conocimiento, la investigación conllevan un proyecto, una forma de entender el mundo, una forma de proponerlo, una forma de modelarlo. Desde el punto de vista político muchas cosas han ocurrido en las ciencias sociales en los últimos treinta años. Una de ellas, y tal vez una de las más pedagogía y territorio importantes, es que se ha ido tomando conciencia del carácter etnocéntrico de sus investigaciones, de sus producciones de mundo. Como consecuencia de ello muchos científicos y científicas sociales se han propuesto visibilizar otras narrativas, otras formas de ver las cosas y la realidad. Una explosión de relatos locales, micronarrativas, ha hecho su aparición en distintas disciplinas y en los modos no disciplinares (Gibbons et al., 1994) de investigación social. A este fenómeno ha contribuido mucho la cartografía social.

21 voces Historias de vida sobre 40 años de educación en Colombia
El libro 21 voces es un excelente trabajo que recoge las narrativas de varios de los profesores más importantes del país. Se constituye, sin lugar a dudas, en un documento con un valor en sí mismo, no solo por la pertinencia de las experiencias recogidas y relatadas, sino también por su condición de ‘fuente primaria’ que, muy seguramente, habrá de servir para la realización de otro tipo de trabajos investigativos. Andrés Klaus Runge , Facultad de Educación, Universidad de Antioquía El orden dado a 21 voces no solo le muestra al lector un panorama del campo educativo sino que le permite sumergirse en primeros planos que dejan ver hasta los detalles más finos de una historia que se ha contado de otros modos. El libro lleva al lector por los caminos del Movimiento Pedagógico en medio de los convulsionados contextos políticos de los últimos cuarenta años en Colombia; por los vaivenes de las políticas educativas, sus aciertos y desaciertos, los intríngulis de la educación básica, la educación popular y la educación superior, así como por las apuestas de transformación que cada una de estas voces convirtió en su razón de vida. Por lo demás, es una exquisitez la lectura pues, aunque su estilo narrativo es entre crónica e historia de vida, exige al lector hilar una historia que va apareciendo en su totalidad solo al final. Amanda Cortés, Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico
