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José Picón

Nacido en Alhama de Almería, este joven escritor, amante de los viajes, la música y las experiencias culturales, ha ido creciendo literariamente de forma paulatina desde su adolescencia.
A partir de sus estudios universitarios, descubrió un mundo desconocido y único en la poesía, los relatos, los cuentos infantiles y la novela; y desde entonces ha publicado cuatro libros relacionados con estas temáticas: Tacita para tres, Desde el fondo de mí… mi soledad y De príncipe a sapo. En el campo de la narrativa, una novela titulada La última exclusa, que aborda la temática de la educación desde el punto de vista de la familia y en la que está muy presente la inclusión.
A ti, querido lector, van dedicadas las siguientes páginas. Esperamos que las disfrutes tanto como su autor al escribirlas.

Sus libros

La última exclusa

La última exclusa

FICCIÓN MODERNA Y CONTEMPORÁNEA128 pág.ISBN 9788413170961

Hace tiempo, demasiado quizá, que la familia no educa. Colgó los guantes y renunció y delegó a otras instancias más altas su misión constitutiva de educar a los hijos. Encomendó tamaña tarea de educar a la prole al enemigo más acérrimo —aunque menos declarado— que tenía: el Estado. El lector puede hacerse una vaga idea de la magnitud del problema que aborda José Picón en La última exclusa, ya que sitúa la acción justo en el lugar donde de forma más notable lo privado converge hacia lo público, el lugar en el que «el rey de la casa» es degradado a "ciudadano", el lugar en que los Magos de Oriente emprenden el viaje de no retorno y Herodes manda afilar las espadas. Me estoy refriendo, claro está, a la escuela.

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El clan de las caracolas

El clan de las caracolas

Cuentos (infantil/juvenil)34 pág.ISBN 9788413380896

El otro día me enrolé en un barco enigmático y colorista, su nombre: «INTEGRACIÓN». Al principio, el mar estaba en calma, y nosotros, marineros de la vida, navegamos indiferentes a los caprichos de una gris y respetable tormenta: la sociedad. Pero un día iluminado, con el sol de fondo, llegó una brisa embriagadora y absorbente con un saquito de nubes de libertad. Y por fin, una inocente e insospechada voz recién despertada del letargo infantil, abriendo sus ojos por primera vez, gritaba: «Tierra, tierra a la vista». Era un buen puerto en un buen lugar, quizás inoportuno, pero inevitable, llamado «INCLUSIÓN».