José Vergara Lozano
Me llamo José Vergara Lozano y quiero amar, quiero vivir y quiero sentir la vida que hay en mí. Nací el 20 de julio de 1948 en Villamalea (Albacete). Soy enfermero y sofrólogo (la sofrología se dedica al estudio de la conciencia y de los valores de la existencia). Y mi eslogan es «ser siempre joven, sin vender la piel al diablo». Entiéndase aquí por diablo todo aquello que nos pueda perjudicar tanto física, emocional, como mentalmente. Para evolucionar, creo sinceramente que todos necesitamos de un buen maestro. Y uno de mis mejores guías espirituales ha sido O. M. A. ¡Gracias, maestro!
Sus libros

Aquí y ahora
Contar anécdotas, cuentos e historias es una manera más de abrir puertas y ventanas para que puedan entrar el aire fresco y suave de la mañana, el trinar de los pájaros y los rayos del sol. Recuerdo con mucho agrado cuando era niño, y mi padre y mis abuelas me contaban cuentos con los que enriquecía mi fantasía e imaginación. De ahí que siempre haya creído que el mundo necesita voluntarios capaces de contar historias que ayuden a dar un poquito más de luz al caos que reina en la sociedad en que vivimos. Y que den sentido a estos tiempos tan complejos donde destacan ante todo la confusión y la violencia. Y ¿por qué este caos?, os habréis preguntado alguna vez. La respuesta es muy sencilla: Por la ignorancia y sobre todo por la falta de amor, que es el principal ingrediente de la vida. ¿Es que hay algo más importante que el amor que damos y el que recibimos, cuando este es sincero y verdadero?

Mi conciencia y yo
Hay seres humanos que entran en nosotros, y tal como entran salen, y otros que permanecen para siempre.
Mi mayor riqueza consiste en descubrir e integrar en mí el inmenso potencial que se encuentra escondido en lo más profundo de los demás.
Y mi mayor deseo, porque es una de las cosas más bonitas que hay en este mundo, es que lleguemos un día a mirarnos todos a los ojos, y sin palabras que medien, poder decirnos lo mucho que nos queremos.

María
Hay gentes que viven sin querer cambiar.
Una segunda categoría trabaja para que la humanidad evolucione, conduciéndola hacia el más alto ideal.
Y existe una tercera que está constituida por los que yo llamo «destructores».
Ahora te pregunto: ¿en qué grupo deseas estar tú?

El muchacho que buscó a Dios
Es el viaje iniciático de un joven huérfano de padre y madre que se escapa de un orfanato buscando respuestas a su fe y creencias, teniendo una meta muy clara: La búsqueda incesante de Dios.

Principios sagrados de vida sana
La paella, entre otros muchos buenos manjares, es exquisita. Pero la mejor receta que conozco es la que se compone de estos tres ingredientes principales: Número 1: Poner siempre a Dios en primer lugar en todo lo que hagamos, pues ese gesto de mantener a Dios en nuestras vidas nos hará más humildes. Número 2: Hacer lo que nos apasione, no teniendo miedo a fallar ni a soñar a lo grande, con metas claras y siendo disciplinados. Intentando fijarnos un objetivo cada día. Teniendo muy presente que hacer muchas cosas no significa que las estemos realizando, pues podemos correr mucho tiempo en el mismo sitio, sin avanzar. Y es que hay quienes confunden movimiento con progreso. Y número 3: Cuidando a cuantos nos rodean con amabilidad, pues ayudar a los demás no se compara con nada. Y si, además, les enseñamos algo bueno, ellos mismos tendrán a su vez la posibilidad de enseñar a otros. Sin olvidar que nuestro «yo superior y nuestro yo inferior» se manifiestan de manera muy diferente, siendo las sensaciones que experimentemos las que nos indicarán en cuál de ellos estamos.
