José Vielba De La Iglesia
Sus libros

El asesino del crisantemo
Lo que debería haber sido un viaje de placer se convierte en un reto para el joven detective Jericó Fernández, el cual se ve envuelto en la investigación de una muerte sospechosa. La trama se desarrolla en un antiguo tren de vapor. Todo hacía suponer que la muerte de aquel hombre obedecía a una causa natural, un infarto; pero coincidencias inesperadas y la intuición de ese joven inspector cambiaron los acontecimientos.

La ventana de los cristales rotos
Con más de treinta años de experiencia en la escuela como maestro, el autor pone el dedo en la llaga al analizar alguna de las causas que, según él, favorecen la violencia de género. El deterioro de la educación, la progresiva pérdida de autoridad de las maestras y maestros, la injerencia de las familias en muchos asuntos educativos que deberían corresponder a los profesores, la excesiva permisividad paterna y social… no ayudan a prevenir conductas agresivas. La violencia ejercida hacia las mujeres debe combatirse ya desde la infancia. Una educación en la igualdad es el mejor antídoto contra la barbarie discriminatoria de los violentos. Pero las familias y la sociedad tienen el deber de cooperar con los educadores. Un niño consentido y caprichoso puede ser una persona para quien la costumbre se convierte en ley, y lo que está arraigado en las creencias es difícil de erradicar.
Hay otros muchos factores, por supuesto, que intervienen en la discriminación y en las conductas machistas, pero habrá pocas dudas sobre la necesidad de educar en la igualdad desde los primeros años de la niñez, y esa tarea corresponde a toda la sociedad.
Dos vidas. Dos realidades. Dos temperamentos.
Una convivencia. Un amor quebrado. Cristales rotos.

Retrato de la fantasía
¿Fantasía a mi edad? Hace tiempo que dejé de ser un niño. «Perdería parte de la madurez que tanto cuesta conseguir», dirán algunos. Cuando alguien prescinde del niño que lleva dentro, debería preocuparse. Si languidece la imaginación, la superficialidad será la dueña de la vida. Se dice que lo fantástico crea una ruptura con la realidad. ¿Acaso la realidad no está empapada de fantasía? Es mi vida, algo más que un mero recuerdo, la que se agarra fuertemente con las dos manos para no soltarse de la infancia. Cada paso que yo daba hacia delante era una huida hacia la niñez. La sociedad, con sus normas, me animaba a desprenderme de mi infantilidad diciéndome que así avanzaba, pero yo entendía que renunciar a cualquier trozo del pasado suponía desertar de mi yo. «Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.» No matéis vuestra niñez, disfrutad de las cosas que hacen soñar a la infancia. Que no se olvide el agua de que es húmeda, que no se olvide el aire de respirar, que no se olvide el adulto de ser niño… porque entonces habrá llegado el momento de abrir la puerta. ¿Para salir o entrar?
