Juan Antonio Arboledas
Juan Antonio Arboledas Rumí nació en LINARES el 10 de noviembre de 1969. Desempeña su labor como enfermero en el hospital San Agustín de la misma ciudad que lo vio nacer, desde el año 1991 —que concluyó los estudios en el Colegio Universitario de Enfermería de Jaén— hasta el presente. La detonación, que supuso para su alma una «pérdida vital», sumió a nuestro protagonista en esa soledad de invidencia emocional rodeada de escombros en que quedó su mundo interior. Tras una intensa e incierta búsqueda, halló en el universo de la literatura, no solo un providencial encuentro consigo mismo, sino la materia idónea para la reconstrucción de esa entidad neurálgica devastada. Por lo que escribir, para él, no supone una pasión ni una necesidad (aunque su escritura transpire ciertas emociones definidas o impulsos irreprimibles) es, básicamente, una «manifestación de su alma». Desde entonces, la vida, lo vivido, se FILTRA a través de la escritura, y el resultado obtenido está lleno de VIRTUD. Un ejercicio depurador donde la autenticidad y la templanza dejan de ser un espejismo y se hacen realidad en lo más hondo de su ser. Y, por ese motivo clave, el indomable oleaje de creativa inspiración no es más que la huida desesperada y momentánea hacia donde se lanza para salir del desasosiego emocional de su propia existencia.
Su libro

La abuelita de kundera
Un encuentro fortuito tiene lugar en el devenir cotidiano del insigne protagonista: un enfermero de ámbito hospitalario. Un aluvión de «causalidades», que no casualidades, comienzan a diseñar una serie de travesías con destino incierto; indetectables «seísmos» que van agrietando su universo más incorpóreo, donde el control ya no está en sus manos. Caminos ignotos en esencia, que, conforme iluminaban su interior, desvelaban aspectos, sentimientos, pensamientos… de desconcertante magnitud para él. Dicha estrella serafínica conforma un «eje central» en torno al cual va girando su vida. Donde va teniendo lugar un progresivo y pleno alumbramiento en su corazón capaz de deslumbrar los ojos de su alma, debido a las silentes pero maravillosas emociones que comienza a experimentar. Una eclosión que le permite interconectar su presente con su pasado, en un sincretismo mental, emocional y espiritual, que suponen para él una poderosa y gratificante catarsis. Liberación esta, capaz de inundarlo todo, ilimitando su facultad para amar. Ello entraña un descubrimiento sobre sí mismo, por medio de un amor que todo lo puede, que todo lo hace vibrar, que todo lo revive, que todo lo unifica…, que todo lo eterniza. La abuelita de Kundera es un extraordinario «encuentro» mutuo entre ciertos protagonistas, que alcanza su álgido espacio de verdadera reflexión dentro del agujero negro que está significando para nuestras vidas la actual pandemia que padecemos.
