Kimball
Sus libros

Y la familia se fue
Tras la muerte del bebé de una familia, los padres y los dos hermanos supervivientes–un niño y una niña–abandonan su casa en Mineola (Texas) y, con todas las pertenencias que pueden cargar, emprenden viaje en coche hacia la casa del abuelo, en Michigan. Entre sus magras posesiones, de las que tendrán que ir desprendiéndose para seguir adelante, se llevan, también, el cadáver embalsamado del bebé. Son las voces y las miradas de los dos pequeños–en su esfuerzo por dar sentido a la tragedia y a los sucesos que sobrevienen por el camino–las que narran cuanto acaece ante sus ojos: la muerte del hermano, el velatorio y el imborrable viaje a través de las carreteras secundarias de una América tan profunda que parece abisal. Kimball ha escrito una novela estremecedora e implacable en su descripción de un mundo que parece irremisiblemente condenado a la desintegración.

Lo que queda de nosotros
Una profunda desolación embarga al protagonista de Lo que queda de nosotros cuando su mujer sufre un colapso y comprende que, si se recupera, tal vez se convierta en una enferma terminal. Para intentar despertarla del coma en que se ha sumido, el hombre dispensa a su mujer delicados cuidados y le lleva objetos que le son familiares: sus libros, su cepillo del pelo, flores del jardín, e incluso grabaciones de los ruidos cotidianos de su casa, como pisadas sobre el entarimado o el runrún de los electrodomésticos. La preocupación por su bienestar es tal que el hombre pierde la noción del tiempo, y al final su único deseo es reunirse cuanto antes con ella. Años después, el nieto vuelve a contar la agónica muerte de su abuela, en un intento por comprender la existencia que ésta llevó, lo que significó para su abuelo y, sobre todo, cuánto amor puede acumularse durante una vida en común, para que perdure incluso más allá de la muerte.
