Laura Lucero López
Sus libros

La magia de tu vida
¿Y quién soy hoy? Soy una mujer madura, madre, amiga, compañera y escritora. Pero sobre todo, soy un ser humano que se atreve a asegurar que la vida sigue siendo bella a pesar de las adversidades, que el amor es el sentimiento más rescatador que existe y que luchar nunca es ni será en vano, porque siempre habrá una recompensa. Los desafíos me enseñaron a encontrar mis talentos más recónditos y de su mano aprendí que rendirme nunca sería una opción. La infancia es la etapa de la vida en la que más conectados estamos emocionalmente con los padres o cuidadores. En mi caso nunca fue posible crear un vínculo armonioso, porque no había disposición mental ni emocional. Se sabe que el éxito emocional de un niño depende fuertemente del amor, el tiempo y la dedicación que reciba a temprana edad, ya que con el tiempo esto influirá en las decisiones que tome y en las relaciones que construya.

La magia de tu vida
Antes de leerme la fortuna, Marina desplegó un trozo de terciopelo rojo sobre el escritorio, tomó las cartas en sus manos y empezó a barajarlas. Yo estaba nerviosa e incrédula, pero ella lo notó y me advirtió que, si no le enviaba mi energía y no creía, no continuaríamos. Mirian, sentada a mi lado, me dio un pequeño puntapié por debajo de la mesa y reaccioné, enviando mi energía. Marina reveló secretos familiares que parecían imposibles de conocer y pronosticó un futuro lleno de dificultades y tristezas, pero con un desenlace esperanzador. Quedé asombrada por su habilidad para conectar. Sus palabras me llevaron a reflexionar sobre las revelaciones recibidas y cómo podrían afectar mi búsqueda de un futuro mejor
La magia de tu vida
Y allí, en el umbral de mi casa, aguardaba él, el dueño de mis ilusiones, montado en su bicicleta como un caballero contemporáneo en su fiel corcel. Sus cabellos estaban alborotados por la prisa de llegar a mí, al tiempo que, sus grandes ojos se iluminaban al verme, mientras nuestros labios apenas se rozaban, cautelosos de las miradas indiscretas. El resplandor del sol bañaba la vida, y yo, embriagada de amor, ascendía los peldaños del autobús escolar. Mis tres amigas me esperaban ansiosas en el último asiento, reservado especialmente para compartir los eventos de mi romance. Armando, montado en su bicicleta, seguía al autobús con la determinación de un guerrero en pos de su amada, su voz cálida y apasionada se alzaba en un susurro con un "te amo", mientras el camino se llenaba de besos arrojados al viento. El sudor le daba un brillo perlado a sus mejillas, y su escaso cabello se mecía con la brisa, desafiando al tiempo en su empeño por mantenerse a la vista. Aunque exhausto, nunca se daba por vencido; desde la distancia, saludaba con la mano en un adiós, obsequiándonos con una sonrisa que desbordaba alegría.
