López Varela
Sus libros

No es país para coños
Una reflexión fresca y vibrante sobre el rol del feminismo y la necesidad de reivindicarlo en la teóricamente moderna sociedad españolaDesde que Eva se comiera la manzana prohibida hasta que empezó a pasearse desnuda por los programas de televisión han pasado milenios, pero la igualdad entre hombres y mujeres si-gue siendo una utopía. A pesar de que el movimiento feminista ha conseguido cosas tan importantes para el conjunto de la sociedad como el sufragio femenino, la igualdad ante la ley o la emancipación de la mujer, las nuevas generaciones parecen considerar que el feminismo está superado. En la mayoría de los casos se percibe como un movimiento residual cuya base es el odio al sexo masculino. In-ternet se ha convertido en caldo de cultivo de la misoginia y la tan publicitada «guerra de sexos» se juega ahora entre conceptos tan creativos como las «locas del coño» y los artículos de muchos de los sufridos columnistas de las revistas masculinas. Pero ninguna generación va a alcanzar la felicidad completa mientras unos tengan que afanarse en demostrar su valor, su fuerza física y su coraje para triunfar, y otras se vean obligadas a disimu-lar que además de hormonas, también tienen un coño muy bien puesto.

No es país para coños
Desde que Eva se comiera la manzana prohibida hasta que empezó a pasearse en pelotas por los programas de televisión han pasado milenios, pero la igualdad efectiva entre hombres y mujeres sigue siendo una utopía. A pesar de que el movimiento feminista ha conseguido avances fundamentales para el desarrollo de una sociedad justa, en España la legislación no protege lo suficiente a las mujeres y muchas leyes se construyen sobre la larga sombra del patriarcado. El cuerpo femenino se sigue sexualizando, cosificando y utilizando como reclamo publicitario. El amor romántico aparece dibujado, en libros y películas, como la máxima aspiración vital para la mujer, aquella que dará sentido a su vida. Mientras, los gobiernos de derechas tratan de penalizar el aborto y en la intimidad del hogar persisten el maltrato y los asesinatos. Internet se ha convertido en caldo de cultivo de la misoginia y la tan publicitada «guerra de sexos» se juega ahora entre conceptos tan creativos como el de las «locas del coño» y las «feminazis». Temerosos de perder la supremacía masculina, famosos, políticos y líderes de todo tipo lanzan el mensaje de que el feminismo es peligroso y advierten de la llegada de una especie de dictadura de mujeres al borde de un ataque de nervios. Cuando la realidad que retrata Diana López Varela en este libro deja claro que una sociedad basada en el feminismo es más necesaria que nunca. Al menos si queremos que algún día este sea de verdad un país para coños.

Maternofobia
Por qué no queremos tener hijos. Un día, con 32 años y pareja estable, a Diana López Varela le ocurrió lo que desde niña había creído que, llegado aquel momento de su vida, estaría deseando que pasara: se quedó embarazada. Y de repente se dio cuenta de que no quería tener un hijo. En absoluto. Para nada. Y se puso a escribir este libro. En España mueren más personas de las que nacen. Los últimos datos dicen que las españolas tienen a su primer hijo de media a los 31 años. España y Portugal son los países de la Unión Europea con el índice de natalidad más bajo y, pese a todas las advertencias, no parece que las mujeres se estén animando a procrear más. Entretanto, en Europa, de las childless, mujeres estigmatizadas por no poder tener hijos, hemos pasado a las childfree, mujeres que, voluntaria o involuntariamente, han dejado de tener hijos para dedicarse a otros placeres más prosaicos y a su carrera laboral. Algunas nunca tienen hijos, otras llegan al límite de la barrera biológica o entregan su cuerpo a la reproducción asistida. Frente a ese fenómeno ha surgido un nuevo modelo de maternidad militante que abraza los postulados del maternalismo y anima a las nuevas madres a entregar su alma al bebé. De una forma u otra, ya sea lanzándose a la maternidad o huyendo de ella, a medida que los años pasan y el tic tac del reloj acecha, las mujeres, por más que lo intenten, no logran huir de su condición. El hijo está, aunque no esté. De eso va este libro.

Voces que cuentan (novela gráfica)
En este volumen se reúnen algunas de las autoras más relevantes del panorama sociocultural actual que nos cuentan unas historias muy íntimas y personales, trasladadas a novela gráfica por algunas de las mejores dibujantes contemporáneas. Tras una preciosa ilustración de cubierta de Esther Gili donde se evoca la ensoñación y la creatividad, hay nueve historias cortas que no dejarán a nadie indiferente. Son relatos que hablan sobre un padre feminista; sobre lo ridículas que se ven nuestras asociaciones de lo masculino y lo femenino cuando estas se invierten durante un día; sobre cómo la anorexia fue el síndrome de la impostora original; sobre cómo las mujeres, incluso cuando son mayoría, se silencian a ellas mismas; sobre una canción que en su soledad habla y reúne a todas las mujeres de la historia; sobre cómo el compartir una tarta en un café puede ser un lugar de confesiones; sobre cómo la vida de tus antepasadas te ha formado como eres hoy; sobre cómo un momento compartido entre madre e hija se convierte en la semilla de lo que será tu obra, y sobre usar la valentía y el coraje para hacer aquello que todo el mundo te dice que no puedes hacer solo por ser quien eres. Todas estas historias forman Voces que cuentan en los siguientes relatos: “Julio”, por Julia Otero (Julia en la Onda) y Ada Diez (Hits With Tits) “24 horas”, por Lola García (La Vanguardia) y Agustina Guerrero (La Volátil) “El bicho”, por Diana López Varela (No es país para coños) y Akira Pantsu (Planeta Manga) “Auctoritas”, por Estefanía Molina (La Sexta Noche, Al rojo vivo) y Ana Oncina (Los f*cking 30) “Soledad”, por Eva Amaral (Salto al Color) y María Hesse (Frida Kahlo, Bowie, El placer) “Más mujer”, por Leticia Dolera (Morder la manzana) y Raquel Riba Rossy (Lola Vendetta) “Pasos de tortuga”, de Sandra Sabatés (El intermedio) y Sandra Cardona (Bouillon) “Por una falda de plátanos”, de Almudena Grandes (Los besos en el pan) y Sara Herranz (La persona incorrecta) “Mzungu”, de Patricia Campos (Tierra, mar y aire) y Sara Soler (En la oscuridad)
