Luis Caroca Saavedra
Sus libros

Los esquilmadores
En Los esquilmadores, Luis Caroca nos sumerge en una atmósfera extraña, a veces en un tiempo y espacio imprecisos, aunque no por ello menos evocador. Cada diálogo, cada descripción nos confirma que nada bueno podría ocurrir y que, al contrario, el desastre o el absurdo está a la vuelta de la esquina. Milicianos idealistas, mascotas expuestas a concursos de pedigrí, hipocresías, caretas, camarillas, mundillos profesionales, bohemia y sexo, entre otros temas, conforman un escenario intra e intertextual, variopinto, seco y vertiginoso, donde el lector tiene que escarbar entre lo que se dice y, aún más, en lo que se desprende. Cierto hálito brumoso ausculta una violencia ubicua y tectónica, como si el ejercicio de toda resistencia siempre desembocara en derrota. O bien en ostracismo, inadaptación o soledad. El autor, agudo e irónico, bien podría decirnos: Hay fuerzas que no se pueden torcer por más que se les enfrente. En definitiva, un conjunto de cuentos entrelazados por la figura de un tal Prat y un Félix silbante, más ominosos que deslumbrantes, donde la resaca existencial campea y que constituye la memoria literaria de no pocos en este áspero Chile.

Espesos ríos de tinta
Después de revolver el brebaje con la cucharita, reparé en la espuma y en el pequeño remolino que se formó dentro de la taza, provocándome una sensación melancólica, larga, estirada, con cierto vértigo previo que me sumergió en las oscuras aguas de ese micro océano contenido en una simple taza de café, en el efímero vórtice, en su particular maelstrom miniatura que me tragaba y que duró solo un par de segundos, pero que bastaron para ponerme la piel de gallina.
