Manea
Sus libros

Felicidad obligatoria
Con «El interrogatorio», donde el escritor rumano Norman Manea narra cómo un pequeño respiro que otorgan a una presa revela la inconsistencia de su verdugo, arranca Felicidad obligatoria, un volumen compuesto por cuatro relatos que transportan súbitamente al lector a las vicisitudes cotidianas en un Estado policial grotesco pero temible. «Biografía robot», el segundo relato, traza las carreras de unos camaradas en Bucarest, defensores a ultranza de la revolución. Le siguen «Una ventana a la clase trabajadora», donde una injusticia se convierte en el remoto motivo de un juicio ante la Suprema Corte, y «La gabardina», en el que se desatan las sospechas cuando, tras marcharse los invitados de una cena, queda olvidada una gabardina muy parecida a la que llevan los agentes de la policía de seguridad.

El sobre negro
En el Bucarest de principios de la década de 1980, un excéntrico y rebelde cincuentón llamado Tolea, antaño profesor universitario y ahora recepcionista de hotel, decide investigar las causas del suicidio de su padre, acaecido cuarenta años atrás.

El té de Proust
El universo del campo de concentración visto a través de la atónita mirada de un niño, la guerra vivida por adolescentes, el arduo o imposible retorno a lo cotidiano en la Rumania de la posguerra y de la dictadura, las heridas incurables impresas para siempre en la memoria: ése es el horizonte existencial de estos relatos de Norman Manea. Si la persecución a la etnia judía, la lucha por la supervivencia, el conflicto incesante, la pérdida del sentido de las cosas y de la humanidad lanzan a los protagonistas a un exilio espiritual, del caos puede surgir a veces la redención gracias a un pequeño destello de esperanza, a un valiente gesto de desafío, a momentos de epifanía poética. Así, por ejemplo, en el relato que da título a esta recopilación, el rito diario de tomar un aguachirle, a modo de té, en el que participa toda una familia en un campo de concentración, ilumina la escena del regreso del Horror a quizás otro horror, en un instante proustiano que nunca se borrará del recuerdo.

Payasos
Traducción del rumano de Joaquín Garrigós
