Manuel Comesaña Izquierdo
Manuel Comesaña Izquierdo, nació en Sevilla en julio de 1.953 aunque su verdadera cuna es Calera de León, pequeña localidad de la provincia de Badajoz. Allí inició su andadura como médico rural, trasladándose posteriormente a Murcia. Durante 32 años ininterrumpidos, ha ejercido en el Centro de Salud de La Alberca y, actualmente, se encuentra jubilado. Está casado y tiene tres hijos, dos de ellos médicos de Atención Primaria.
Atraído desde siempre por la Literatura, ha escrito artículos, entradas de blogs y múltiples post en Redes Sociales. Como obras de mayor envergadura, tiene publicados dos libros, Mientras la Naturaleza cura la enfermedad y Postura expectante. Fenómenos atmosféricos es la tercera entrega de una particular saga donde se entreveran páginas de supuestas memorias con una fantasía rayana en el cuento.
Si bien como lector mantiene preferencias claras por los clásicos y por algunos escritores modernos tales como García Márquez, Milan Kundera, Mika Waltari y Günter Grass, como autor prefiere mantener un estilo personal y único.
Sus libros

Mientras la naturaleza cura la enfermedad
A través de una mirada introspectiva y teñida de cinismo, un médico rural reflexiona sobre su oficio, la relación con sus pacientes y la transformación de la medicina moderna. Entre el relato costumbrista y el ensayo personal, el autor desglosa la esencia del acto médico —a menudo una mezcla de ciencia, psicología y 'cuento'—, revelando las luces y sombras de una profesión marcada por la fatiga, el compromiso ético y una profunda humanidad. Una obra que combina el humor agridulce con una melancolía reflexiva sobre el papel del médico en el siglo XXI.

Postura expectante
Después de Mientras la Naturaleza cura la enfermedad llega, como segunda parte prometida, Postura expectante. Aquí el autor y supuesto protagonista sigue siendo el mismo médico. Aún se enfrenta a los tremendos inconvenientes de la medicina rural, pero ya, aparentemente, soplan vientos de liberación. El médico logra el traslado a la ciudad o, al menos, eso cree él porque el destino le reserva sorpresas agridulces. Unos saltos en el tiempo nos llevan a la infancia y a los deseos de poseer un televisor, a la adolescencia colegial y al primer cinefórum, a la juventud estudiantil, con amores y desamores y a los primeros tiempos de ejercicio donde, por disposiciones desmadradas, viene a encontrarse al frente de la enfermería de una plaza de toros en una tarde de corrida. Todo ello, entreverado con reflexiones sobre la medicina, los médicos, los enfermos y los inevitables rifirrafes que genera el trato comprometido con las personas.

Fenómenos atmosféricos
La narración tiene como hilo conductor el uroboro, la pescadilla que se muerde la cola, las vidas que acaban para enlazar con otras que se inician. Así, se abre con la figura del bisabuelo de Manuel. En los inicios del siglo XX, fue un hombre visionario que se empeña en obras que acarrean rencillas pueblerinas y un trágico accidente. Hay una vuelta de tuerca y Manuel retoma la narración en primera persona. Casualmente, se encuentra con las monjas de una extraña orden que le hacen recordar las aventuras tan cándidas como pícaras que vive con S, un amor de la juventud estudiantil. A poco de terminar esta relación, aparece V que le presenta a Manuel una inquietante propuesta que este acepta. La nueva chica parece obsesionada por la figura de S lo que no es obstáculo para otra serie de aventuras pasionales y estrafalarias. El relato juega a ser juvenil y hasta inocente pero, escrito desde la perspectiva de la madurez, da voz a pensamientos y vivencias que se engloban en la compleja naturaleza humana donde conviven el altruismo y la generosidad con el egoísmo y la ramplonería.

Tattoo
Manuel, estudiante de Medicina, debe pasar unos días en el Hospital Militar de Badajoz para ser revisado, ya que alega cierta enfermedad para eximirse del Servicio Militar.
Presiente que estos días serán tediosos por tener que convivir con otros mozos como él, pero, presumiblemente, pueblerinos e incultos, con quienes no podrá tener conversación ni distracción interesante. Además, perderá tiempo de estudio cuando ya están cerca los exámenes.
Sus previsiones cambian cuando, en cuanto llega a la portería, se le encomienda una misión que él considera enojosa; y lo hacen más, al empezar a conocer a los compañeros con los que debe compartir la sala del hospital y hasta al mismo capitán médico. Y sus prevenciones desaparecen totalmente cuando aparece T, una enfermera joven, amigable y extrovertida. La relación entre ambos se hace intimista y Manuel va descubriendo detalles ocultos sobre la vida y actitudes de ella.
Novela de fácil lectura y diálogos sabrosos, pero sencillos. Parece, a veces, entroncar con la picaresca y con el aprovechamiento de las circunstancias. Y, entretejidos con la acción, hay comentarios tan jugosos como humorísticos con la manera del protagonista de concebir la práctica de la Medicina.
