Maria José Lorenzo
María José Lorenzo nació en Poncesures, provincia de Pontevedra y apenas con diez años, emigró de la mano de su madre a Madrid.Desde muy corta edad sintió la necesidad de escribir y lo hizo a través de la prensa del corazón, en la revista Sal y Pimienta bajo la dirección del periodista Pepe Rodríguez. Más tarde asumió la dirección de ese departamento dentro de la agencia de prensa Colpisa y seguidamente empezó a dirigir la sección de reportajes de Imagen Press y posteriormente trabajó para Editorial Prensa Ibérica. Colaboró en la agencia EPI PRESS, en la que se desarrollo hasta fundar Alfaquí de la Imagen y Comunicación, en la que compaginó la dirección con la realización de entrevistas a personalidades del mundo político, deportivo, económico, cinematográfico y social. Sin dejar el periodismo de lado, se abrió camino en la literatura, convirtiéndose en biógrafa, un campo en el que consiguió éxitos con “Boda, cárcel y fama”, “Cristina, historia de una traición”, “Letizia, la plebeya”, “Sofía, la reina de la triste sonrisa”, “Elena, la infanta que pudo reinar” “Zapatones, el peregrino eterno” “Isabel Pantoja, sigo siendo esa” y ahora nos sorprende con “Ruphert, te necesito” donde el célebre peluquero depositó en ella su historia más íntima y sentimental.
Su libro

RUPHERT TE NECESITO
Antes de convertirse en Ruphert, fue un niño que no encajaba. En la España de posguerra, Ruperto Burillo Ortega eligió un camino que no le correspondía. Aprendió el oficio en silencio, entre prejuicios, sin imaginar hasta dónde llegaría. Madrid fue solo el principio. Su talento y una forma única de entender la belleza lo llevaron a lo más alto: Ruphert dejó de ser un nombre para convertirse en el peluquero de las estrellas, moviéndose entre el poder, la televisión y las grandes figuras de su tiempo. Pero detrás del éxito, la historia no fue sencilla. Entre España y América, su vida estuvo marcada por el riesgo, el amor y la necesidad constante de seguir adelante. Porque detrás del personaje había un hombre libre, emocional y profundamente humano, que nunca dejó de buscar su lugar. Estas memorias póstumas revelan lo que no se veía: la persona que existía más allá del mito.
