Marset
Sus libros

Leyenda napolitana
Tras un debut deslumbrante con Puer profeta, merecedor del premio Adonais en 1989 y celebrado por su extraordinaria potencia expresiva e imaginativa, Juan Carlos Marset nos entrega un libro que ha ido escribiendo a lo largo de casi una década. Con la misma andadura rítmica, reposada y de largo aliento, de su ópera prima, «reconcentrada, transparente y cierta» -como fue descrita por María Zambrano-, «de gran sentido rítmico y profundamente reflexiva» -a juicio de Claudio Rodríguez-, Leyenda napolitana mantiene esa misma voz, pero ahora coloreada de nuevos mundos y gamas rítmicas. La experiencia poética de la Ciudad, que repite en su marasmo todas las ciudades, sigue estando presente en este nuevo libro, aunque desplazada de lugar y continente : desde la ciudad de Nueva York en Puer profeta, donde Marset vivió entre 1985 y 1990, a otra ciudad Nueva, la Nea-polis de la Italia meridional, donde residió al principio de los noventa y a la que no ha dejado de regresar desde entonces. En uno y otro caso, se puede detectar un tono de crítica social, velado por una fina ironía, que apunta al enigma de nuestro tiempo : el no ser de ninguna parte -o más bien, el tener lugar sólo en la suspensión entre la nostalgia y la añoranza- y, sin embargo, reconocer en esta falta de patria el rasgo fontanal de nuestro ser.

Días que serán
Poemas que nos hablan del pasado, del presente y del futuro ante una inminencia fatal y un posible renacer.Tras sus largos poemas anteriores, que se movían entre el salmo y la iluminación, y partían de la experiencia en ciudades como Nueva York en su primera obra,Puer profeta, Nápoles enLeyenda napolitana, y Londres enLaberinto, Juan Carlos Marset nos entrega en esteDías que serántal vez su libro más transparente, pero no menos hondo. Agrupados en tres partes, «Lo que pasó», «Partida parte» y «Está por ver», los poemas hablan del pasado, del presente y del futuro ante una inminencia fatal, y un posible renacer. El autor no ha renunciado a ciertos recursos sonoros, a los juegos de rima y de aliteración, y tampoco a las paradojas, las citas y los homenajes para encerrar su reflexión metafísica, su enseñanza moral, a propósito del tiempo, del arte, de la vida.
