Muñoz Puelles
Sus libros

Sombras paralelas
Desde su nacimiento en una isla de Hawai hasta su último refugio en un pantano de Louisiana, viven unidos para siempre dos hermanos siameses. Cierta noche fallece uno de ellos. Mientras vela el cadáver y la lenta corrupción de su propio cuerpo, condenado a su vez a morir, el otro escribe la azarosa historia de dos seres destinados, por su naturaleza monstruosa, a no ser nunca lo que son realmente. Raptados aún muy jóvenes por un marino inglés para exhibirlos, son secuestrados otra vez, mientras se trasladan a Europa, por el emperador de Siam, coleccionista de rarezas humanas. Tras toda suerte de hazañas consiguen finalmente llegar a Londres, donde se ganan muy bien la vida exhibiéndose en extraños ejercicios y desde donde trasladan su múltiple existencia a los Estados Unidos. Mientras accede al umbral de la muerte, el autobiógrafo revive todos los personajes que fue o pudo ser y, al igual que el dios Proteo, descubre que, al convertirse en cualquiera, en realidad no es nunca nadie.

El último manuscrito de Hernando Colón
Hernando Colon (1488-1539), hijo ilegítimo del Almirante Y Beatriz Enríquez, cosmógrafo y propietario de una biblioteca de unos 20.000 volúmenes y, según ahora se revela, meticuloso coleccionista de arañas,entre otros muchos viajes acompañó a su padre en el cuarto viaje a las Indias y escribió una Historia del almirante Cristóbal Colón. Hasta aquí lo que cualquiera puede encontrar en cualquier enciclopedia. Lo que ignorábamos es que a esta historia oficial, que se publicó póstumamente, había que añadir este Ultimo manuscrito que, poco antes de morir, Hernando, según su propio testimonio, volvió a ocultar «bajo su zócalo», no sin antes aclarar que, en realidad, lo hacía para salvaguardarlo de las garras «de vicarios generales censores e incendiarios del Santo Oficio». No cometeremos la torpeza de revelar, antes de que los lectores lo lean aquí, el verdadero fin del descubridor de un continente que, como es sabido, no era aquel al que él quería llegar, pero sí señalamos que muy cerca de la verdad andan los que aseguran que Colón nunca volvió a España…

Anacaona
La novela Anacaona salió vencedora en la tercer convocatoria del premio La sonrisa Vertical, en 1980. El jurado y los editores al distinguir la obra de Vicente Muñoz Puelles, tenían la intuición de que no sólo premiaban a la novela que, según ellos, merecía este reconocimiento, sino también de que apadrinaban, con ello, la revelación de un auténtico escritor. Anacaona, «esa bondadosa cacique de los indios Jaraguá, en la Española», es la inspiración, o, mejor dicho, la instigadora de esas «aventuras del espíritu y del sexo» protagonizadas por un «matemático que, en vida del dictador, burlaba a la represión y a la austeridad de los números escribiendo por las noches cuentos eróticos». Ese joven avejentado, aparentemente tímido e introvertido, consigue, sin embrago, gracias a las sugerentes imágenes de un exótico Libro de Viajes, no sólo mantener excitantes relaciones con su compañera en la estrechez de un triste apartamento provinciano, sino viajar sin límites por incestuosos y perversos recuerdos infantiles que, en la espiral del tiempo, se remontan a otros escenarios ancestrales, donde la sensual Anacaona—y otros seres de míticos poderes—se mueven en la descarada y provocante libertad de un paraíso perdido. ¿Quién no tiene, o ha tenido, una Anacaona quien, de la postración más profunda, consigue elevarnos a las más inesperadas exaltaciones ?

La curvatura del empeine
Muñoz Puelles confiesa que dudó durante mucho tiempo entre ser pintor o escritor y «todavía me resisto a pensar que ya he elegido entre ambas vocaciones». No es de extrañar, pues, que, tras dedicar dos libros a Goya (Yo, Goya y El último capricho de Francisco de Goya) y autor premiado de novelas eróticas, sintiera atracción por el personaje de Pierre Molinier (1900-1976), pintor admirado por los surrealistas y especialmente por André Breton, y creador de un mundo erótico celebrado hoy en el mundo entero. Todo empezó en 1995, cuando Muñoz Puelles, mientras reunía material para Infiernos eróticos. La colección Berlanga, un libro ilustrado sobre la biblioteca erótica del gran cineasta Luis G. Berlanga, director también de La sonrisa vertical, accedió a la correspondencia que éste mantuvo con Molinier. Las cartas, las fotografías que las acompañaban y la historia que el propio Berlanga le contó le convencieron de que allí se encontraba el germen de una novela erótica, que debía escribir. Huelga decir, conociendo la capacidad fabuladora de Muñoz Puelles, que, aunque toma la vida de Molinier como pretexto, se aparta de ella continuamente y que la mayoría de las experiencias eróticas que le atribuye son ficticias. Sí se encuentran en La curvatura del empeine rasgos propios de sus obsesiones: el erotismo intenso y algo cruel, el fetichismo, el narcisismo, el travestismo. Molinier buscaba a la mujer en todas partes, en sus ropas y accesorios, en las muñecas de tamaño natural que fabricaba, en sí mismo. Vivía en un mundo en el que todos los niveles de la realidad se confundían, rodeado de sus amantes, de las criaturas de sus cuadros, de sus fotomontajes, de prendas femeninas, máscaras y consoladores. Había convertido la pintura en una acto erótico de tal magnitud que mezclaba el óleo con su propio semen. Ese mundo fantasmagórico es el que Muñoz Puelles ha recreado aquí.
