Nicolás Buenaventura
Sus libros

Los cuentos del maestro Nicolás
–Conejo, ¿qué te pasa? ¿Qué es la lloradera esa, que ha llegado hasta el reino celestial y no deja tranquilo a nadie? –Señor ¿qué me pasa? Mi Diosito bueno, ¿es que no ves? ¿Es que estás ciego? ¿No ves que parezco un ratón con estos puchos de orejas? Es una ronda, osea un juego. Pero con una buena ventaja... que lleva dentro, en el puro corazón, un cuento de aventuras. Son las aventuras del tío Conejo, que se la pasaba llorando porque tenía las orejas cortas o cuando en vísperas de año nuevo, sin provisión alguna, se dispone a pensar en cómo salir de la pobreza en que estaba.

La importancia de hablar mierda
Recordar a Nicolás es oír su voz que nos invita a conversar, a compartir el pensamiento. A ese modo de establecer el vínculo con los otros, lo llamó sociable para diferenciarlo de las situaciones que llamó sociales en donde se trata de ser eficaces. A partir de esa distinción, Nicolás se ocupaba en sus trabajos de procurar la construcción de una sociedad donde el trabajo se sustentase en la alegría de cooperar. Gonzalo Arcila Ramírez No sé si eran ciertas o no las historias de que había ingresado a la jaula de los leones, una vez que visitó un circo a Cali o las que Nicolás contaba sobre las tretas que usaban para llegar a construir partido por primera vez en una nueva región geográfica, indagando siempre por los artesanos del pueblo; por los zapateros o los trabajadores del cuero, del textil, del vestuario o de la orfebrería. Poco importa. Lo único claro es que Nicolás, como Cornelio, construían los hilos invisibles del tejido social hablando, tertuliando, echando carreta o, como se dice más popular y despectivamente «hablando mierda», hablando por hablar. Julián De Zubiría Samper
