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Sus libros

Mariposas Plateadas

Mariposas Plateadas

Fografías: retratos160 pág.ISBN 9789569071225

Este libro es un tributo a catorce niñas y niños que nacieron en esta tierra legándonos su obra y a Yosilopa, la bella y pequeña Selk’nam que Martín Gusinde fotografió junto a sus padres. Algunos relatos nacieron como respuestas, otros como cartas, otros son partes de la obra de estos autores, acercándonos al artista en sus momentos inspirados, nostálgicos, tristes o gozosos. Son hilos de una vida querida, palabras que trenzan sus vuelos, como las mariposas plateadas que, a veces, cruzan la cordillera volando…

El Gato en el Congelador

El Gato en el Congelador

Cuentos144 pág.ISBN 9789563591101

En su infancia, Laurence Maxwell, o Moro, fue condecorado con el título de Niño de la Paz. Posteriormente, estudió construcciones metálicas en el Liceo Industrial A-62. Desde hace años intenta traducir, sin éxito, el Ulises de Joyce al mapudungún. Es autor de dos míticos libros de poesía, que nadie ha leído, y de la novela Daño Estructural (Editorial Ayún). Ostenta el récord nacional de cantidad de veces rindiendo la P.A.A. Siempre confunde el jab con el upper cut. Camina muy rápido cuando no tiene donde ir. Dice que los muertos le hablan. Ama a los gatos, pero todos los que ha tenido han muerto trágicamente. Actualmente, intenta crear una selva tropical en la Sexta Región y prepara una contundente crítica al concretismo brasileño y al pop-art, basada en sus teorías místicas del arte. Ha desarrollado un sistema eco tonal que aplica a sus composiciones telúricas. En términos ideológicos, se define como anarco-budista y practica la meditación contando series paralelas de números primos. Los cinco relatos que componen este libro de Maxwell navegan en océanos tan distintos como interconectados. Y se trata de una navegación armónica. Desde el realismo de cronista en Ladrón de bicicletas (basado evidentemente en las propias peripecias del autor en las cárceles mexicanas), hasta el espanto espectral de El gato en el congelador; desde la discursiva iconoclasta de Día del odio, hasta los laberintos subacuáticos y subrepticios de Teratología, para atracar al fin en el puerto angustioso del surrealismo zoo-culinario de Cazuela de pollo. Moscas dialogantes, plumíferos condenados, chupasangres octogenarios, pueblos sumergidos, pesadillas carcelarias, ternura de sicarios, estampitas de niños ciegos y amargos bombones del despecho... Un deambular por muchos y muy distintos rincones, hasta encontrar lo que se cree es el lugar indicado, para luego constatar, en un instante preciso, que aquel sitio se aleja a una velocidad aproximada de mil kilómetros por hora.

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El exitoso (e increíble) Caso Y

El exitoso (e increíble) Caso Y

FICCIÓN Y TEMAS AFINES192 pág.ISBN 9789563590098

Esta es la historia de un portento de la sobrevivencia, la de un soldado del hampa, la de un niño asesino, ladrón, drogadicto y resistente a todo intento de salvación, corrección o escarmiento. No quiere ser salvado pues su vida transcurre del único modo posible, entre sus pares, entre prostitutas, bajo los puentes, entre ratas y perros tiñosos, en los recintos penitenciarios para menores. Fui bautizado por el médico que me salvó de morir cuando aún no cumplía una hora de vida, nos cuenta el personaje de esta novela; esa pelusa arruinada que traía por pelo le recordaba a un rockero de nombre Mick Jagger y el personal del hospital rompió en una carcajada, celebrando la ocurrencia del doctor. Así, el que había nacido a pesar de los venenos que su joven madre prostituta inhaló, aspiró, fumó o se inyectó; el que fuera abandonado en el basurero infecto del baño del hospital público, quedó nombrado para siempre como El Yague. Que lo hayan salvado al nacer sea considerado de buena o mala suerte es algo que está por verse. No siempre sobrevivir es un milagro que se agradece. Lo cierto es que pude sucumbir ahí, pero, para mi maldición, fui rescatado a tiempo, cuando aún respiraba. Un fenómeno que, de tan nefasta catadura, se convierte en el niño símbolo de una sociedad hipócrita que hace de la caridad un espectáculo y un negocio. La verdad es que nunca supe qué ayuda necesitaba y qué podrían haber hecho esas personas que hablaban de mí: los productores de la televisión, los políticos, los curas, los periodistas, los futbolistas y artistas. Yo creo que ni el Presidente, que por televisión me pidió casi llorando, por favor, Yague, vuelve, tenía muchas ganas de meterse con un bagayo como yo, un atadoso, un gil culiao molestoso y cuático, un cacho para la sociedad y un dolor de cabeza para la policía, para los jueces, para todos. Sospechaba que todos me querían muerto.

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