Patricia Torres Londoño
Sus libros

Violencia y paz en la guerra contra las drogas
Adoptada como política, la ‘represión condicional’ no es un eslogan tan emocionante como ‘¡pongan fin a la guerra contra las drogas!’, pero bien podría salvar miles de vidas. Benjamin Lessing construye un caso de lo más convincente a lo largo de las páginas de este libro. Solo podemos tener la esperanza de que algunas personas en cargos gubernamentales presten atención. Mark A. R. Kleiman (1951-2019), autor de Cuando la fuerza bruta fracasa A lo largo de los últimos treinta años una nueva forma de conflicto ha devastado los países más grandes de América Latina: carteles armados combaten no solo entre ellos sino contra los gobiernos nacionales. En Colombia, Brasil y México, las autoridades han procurado desmantelarlos con el fin de restaurar la ley y el monopolio de la fuerza por parte del Estado. Sin embargo, los carteles han respondido con brutalidad, valiéndose de balas y sobornos, lo que ha desatado espirales de violencia y corrupción que convierten en bromas los intentos de los gobernantes de construir país. Por fortuna, algunas reformas políticas han reducido el conflicto entre los carteles y el Estado, pero resultan muy difíciles de sostener a lo largo del tiempo. ¿Por qué los carteles luchan contra un gobierno, si no es para derrocarlo o separarse de este? ¿Por qué algunas medidas represivas estatales desencadenan o exacerban el conflicto entre carteles y Estado, mientras que otras lo disminuyen? En Violencia y paz en la guerra contra las drogas, Benjamin Lessing argumenta que la represión de la fuerza bruta incentiva una respuesta defensiva por parte de los carteles, mientras que las políticas de represión condicional pueden aligerar eficazmente dicho conflicto. Sin embargo, la guerra contra las drogas hace que las políticas de represión condicional sean demasiado frágiles. La revista Choice incluyó la edición en inglés de este libro, Making Peace in Drug Wars (Cambridge University Press, 2018), en su selección Outstanding Academic Titles del 2018 y el Annual Book Prize del International Association for the Study of Organized Crime le otorgó una mención meritoria en el 2019.

¿La educación superior enseña a pensar críticamente?
Existe una brecha notoria y creciente entre las cualificaciones que certifica un grado universitario y las competencias genéricas del siglo XXI con las que se gradúan realmente los estudiantes al final de la educación superior. Cuando hablamos de competencias genéricas nos referimos a las habilidades de lectoescritura y pensamiento crítico que incluyen las habilidades de solución de problemas, razonamiento analítico y capacidad de comunicación. A medida que la automatización se va apropiando de las tareas no cognitivas, o de bajo nivel cognitivo, en el mundo laboral actual, estas competencias genéricas empiezan a cobrar un valor especial, pero el hecho de tener un grado terciario no es un buen indicador del nivel de esas competencias. En los Estados Unidos, el Consejo para la Ayuda de la Educación (CAE) desarrolló una evaluación de las competencias genéricas llamada CLA+ y entre los años 2016 y 2021 realizó pruebas en seis países: Estados Unidos, Reino Unido, Italia, México, Finlandia y Chile. Este libro reúne la información y los análisis de esta Iniciativa Internacional CLA+. ¿La educación superior enseña a pensar críticamente? fue publicado originalmente en inglés por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el 2022.

Más allá del fantasma
Durante medio siglo, la producción cultural en Colombia se ha desarrollado bajo la sombra del realismo mágico, en particular las obras de Gabriel García Márquez, en las que los fantasmas cuentan historias sobre el pasado violento del país y advierten sobre un futuro desolador. Décadas después, la violencia en Colombia no da tregua, pero los recursos críticos del realismo mágico ya no explican estos nuevos ciclos de la violencia en el país, lo que da origen al realismo espectral. A lo largo de estas páginas, Juliana Martínez argumenta que novelistas, cineastas y artistas contemporáneos —desde Evelio Rosero y William Vega hasta Beatriz González y Erika Diettes— comparten una preocupación formal y temática por lo espectral, pero cambian el foco de lo que el fantasma es a lo que el espectro produce. Estas obras no hablan de fantasmas, sino que utilizan la espectralidad para desestabilizar la realidad, lo que implica desafiar la autoridad de la visión y la cronología histórica de la modernidad, al tiempo que desmercantilizan los modos de representar la violencia. Lo anterior crea un espacio crítico para reflexionar sobre la relación entre ética y estética en contextos de violencia, y ofrece alternativas que buscan justicia y reparación simbólica para sus víctimas. Más allá del fantasma plantea una nueva perspectiva de la política y la ética de la representación por medio de una estética espectral, relevante para una variedad de contextos sociohistórico.
