Queneau
Sus libros

Las flores azules
En el París de la década de 1960, Cidrolín, un insólito individuo que vive en un barco amarrado en el Sena, pasa las tardes durmiendo la siesta. Durante sus cabezadas, sueña con las aventuras del duque de Angou, un caballero medieval que viaja en el tiempo a lomos de un caballo charlatán y filósofo. Una obra emblemática de la literatura del siglo XX.

Hazard y Fissile
Tome a un sabio como Eleazard Hazard, los insectos en latín, un clown llamado Calvaire Mitaine, el filatelico Sulpice Fissile, un pulpo domesticado, el bigote y las lentes del detective Florentin Rentin y Jim Jim, el boxeador negro con acento alsaciano, y mezclelo con una gran cantidad de los alrededores de Marsella; espolvoree un inventario de objetos habituales, cúbralo despues con algunos crímenes cómicos, desapariciones repentinas y diálogos y exclamaciones en caída libre, y obtendrá los veintinueve capítulos de una novela inedita de Raymond Queneau: alegre guateque para ectoplasmas surrealistas y elementales onirocríticos.

Siempre somos demasiado buenos con las mujeres
Una novela divertida y grotesca situada en la insurrección irlandesa de 1916Publicada por primera vez en 1947, y atribuida entonces, como si correspondiera a una persona real, a la ficticia escritora irlandesa Sally Mara, Siempre somos demasiado buenos con las mujeres fue reeditada en 1971 como «novela de Sally Mara» firmada ya por Raymond Queneau, pero «traducida» por Michel Presle. Este juego de falsas cajas chinas da por sí solo una idea de la peculiarísima textura del libro. Siempre somos demasiado buenos con las mujeres se sitúa en la insurrección irlandesa de 1916 para erigir una creación divertida y grotesca a un tiempo que constituye, en última instancia, un apólogo moral contra la violencia, envuelto en una chirriante, apocalíptica y sorprendente maquinaria verbal. Siete irlandeses armados asaltan una estafeta de correos y, mientras resisten el sitio del ejército inglés, van cayendo uno a uno en las trampas seductoras de una joven que se escondió en el servicio durante el asalto. Los muñecos de esa insurrección son de serrín y tinta, y las explosiones son sólo chasquidos de palabra y escritura: pero, entre líneas, nos habla la voz de un moralista, al tiempo que la de un juglar de la narración. Irreverente, corrosivo, capaz de acoger en su lúcida y severa mirada lo tierno e irrisorio de la vida, Ra...

Flores azules
Flores azules es una narración asombrosamente divertida y de una riqueza estilística y referencial desbordante: a un tiempo novela de amor, juego entre el sueño y la realidad y parodia de la novela históricaUn insólito individuo llamado Cidrolin vive en un barco amarrado en el Sena y pasa las tardes durmiendo la siesta. Sueña con las aventuras del duque d’Auge, un caballero medieval que viaja en el tiempo a lomos de un caballo charlatán. ¿O es el duque d’Auge quien sueña con Cidrolin y los avatares de un hombre de nuestro tiempo? Incapaces de descubrir quién sueña a quién, nos adentraremos en un mundo cómico y épico a la vez, capaz de provocar carcajadas o de mover a la reflexión. Flores azules es una narración asombrosamente divertida y de una riqueza estilística y referencial desbordante. Una novela que invita a ser leída una y otra vez y a descubrir los secretos que esconde en cada una de sus páginas.Raymond Queneau, uno de los autores más imaginativos y lúdicos de la literatura del siglo xx, integra varias lecturas en una: una novela de amor, un juego entre el sueño y la realidad o una parodia de la novela histórica. Los juegos del lenguaje, los anacronismos o las citas permiten a su autor crear un singular escenario sobre el que cuestiona el sentido de la historia, de las ideologías y de la propia esc...

Siempre somos demasiado buenos con las mujeres
«Un destacado cultivador de la inventiva humana […]. Hay un fondo lúcido, incluso paródico, en su obra que cuestiona la lógica general.» Fernando Aramburu «Una novela desternillante y desvergonzada, que practica el humor en sus más diversas variantes: el negro y el verde, el absurdo y el grotesco…» Pablo Martín Sánchez Publicada por primera vez en 1947, y atribuida entonces, como si correspondiera a una persona real, a la ficticia escritora irlandesa Sally Mara, Siempre somos demasiado buenos con las mujeres fue reeditada en 1971 como «novela de Sally Mara» firmada ya por Raymond Queneau, pero «traducida» por Michel Presle. Este juego de falsas cajas chinas da por sí solo una idea de la peculiarísima textura del libro. Siempre somos demasiado buenos con las mujeres se sitúa en la insurrección irlandesa de 1916 para erigir una creación divertida y grotesca a un tiempo que constituye, en última instancia, un apólogo moral contra la violencia, envuelto en una chirriante, apocalíptica y sorprendente maquinaria verbal. Siete irlandeses armados asaltan una estafeta de correos y, mientras resisten el sitio del ejército inglés, van cayendo uno a uno en las trampas seductoras de una joven que se escondió en el servicio durante el asalto. Los muñecos de esa insurrección son de serrín y tinta, y las explosiones son sólo chasquidos de palabra y escritura: pero, entre líneas, nos habla la voz de un moralista, al tiempo que la de un juglar de la narración. Irreverente, corrosivo, capaz de acoger en su lúcida y severa mirada lo tierno e irrisorio de la vida, Raymond Queneau ha pasado a la historia por ser uno de los narradores más originales y singulares de la literatura universal.

Flores azules
«Un destacado cultivador de la inventiva humana […]. Hay un fondo lúcido, incluso paródico, en su obra que cuestiona la lógica general.» Fernando Aramburu «Una novela desternillante y desvergonzada, que practica el humor en sus más diversas variantes: el negro y el verde, el absurdo y el grotesco…» Pablo Martín Sánchez En el París de la década de 1960, Cidrolin, un insólito individuo que vive en un barco amarrado en el Sena, pasa las tardes durmiendo la siesta. Durante sus cabezadas, sueña con las aventuras del duque dAuge, un caballero medieval que viaja en el tiempo a lomos de un caballo charlatán y filósofo. ¿O es el duque dAuge el que sueña con Cidrolin y los avatares de un hombre del siglo XX? Incapaces de descubrir quién sueña con quién, nos adentraremos en un mundo cómico y épico a la vez capaz de provocar carcajadas o de mover a la reflexión. Los juegos del lenguaje, el anacronismo o las citas permiten a Raymond Queneau crear un singular escenario sobre el que cuestiona el sentido de la historia, de las ideologías y de la propia escritura. Queneau, uno de los autores más imaginativos y lúdicos de la literatura moderna integra varias lecturas en una: una novela de amor, un juego entre el sueño y la realidad o una parodia de la novela histórica. Pero Flores azules es, ante todo, una narración asombrosamente divertida y de una riqueza estilística y referencial desbordante. Una novela que invita a ser leída una y otra vez y a descubrir los secretos que esconde en cada una de sus páginas.
