Rosa Isabel Galdona Pérez
Filóloga y escritora, su tarea investigadora ha abarcado la semántica, la teoría literaria y la crítica feminista aplicada a la novela. Ha dejado huella de ello en revistas como Alaluz (Universidad de Riverside) o el Anuario de Estudios Filológicos de la Universidad de Extremadura.
Su tesis doctoral fue premiada por el Instituto Canario de la Mujer y publicada por la ULL. La Real Academia de la Historia contó con ella para realizar la biografía de la escritora Elena Quiroga, incluida en el Diccionario Biográfico Español. Es miembro de Acte (Asociación cultural de escritores de Canarias) y publica periódicamente en su revista Tamasma cultural. En su faceta de ficción, este que tienes en tus manos es su octavo libro.
Sus libros

La última esquina del viento
La última esquina del viento deja salir los sentimientos de una excursión vital al mundo de la espiritualidad. Es el relato de un paseo metafísico hacia la resurrección. Es una lucha contra los huracanes de la rabia y la angustia. Y es el testamento del hallazgo definitivo de un refugio para el alma. Portugal es el escenario, los árboles que claman al cielo, los raíles que anuncian idas y más idas (sin vuelta), las campañas que tañen a vida...
Estos poemas son el búnquer personal que nos construimos para impedir que nos sigan desolando los conflictos que no hemos querido nunca y que condenamos con toda la fuerza de la palabra.
¡La última esquina del viento soy yo!

Estampas de tinta
Rosa tiene una pulsión poética que se extiende también a sus textos en prosa. Como en sus textos poéticos, encontramos en este libro un lenguaje extremadamente rico, preciso, claro y, sin embargo, sencillo. Sobre todo, lo que a mí me parece más característico de su estilo es el uso, casi espontáneo, de las imágenes más variadas e imaginativas que alguien pueda esperar: «Su cuerpo, un quijote desgarbado que caminaba como un garabato hiperbólico»; «La Nochebuena se abalanza sin piedad sobre la ciudad»; «La sábana amaneció desmayada por los suelos de aquella suite opulenta».
Estos giros lingüísticos no son solamente la demostración de su gran dominio de la lengua, ni bellos ejercicios de esteticismo lingüístico; son, sobre todo, de un enorme y efectivo impacto expresivo.
