Salvador Álvarez
Sus libros

Continentes, intercambios e hibridaciones
Los modos de elaboración y de circulación de saberes son elementos importantes en el cambio histórico. La historia de las relaciones entre Europa Occidental y otros continentes, en especial América, es ciertamente un entramado de violencia y dominación, pero también de intercambios de personas y bienes materiales, entre ellos plantas cultivadas, o no, minerales y muchos más. Todos estos factores nos remiten a un hecho simple, pero muchas veces olvidado, que todos esos intercambios habrían sido imposibles de no haberse operado al mismo tiempo una intensa circulación en ambos sentidos de saberes y técnicas asociadas a la producción, uso y aprovechamiento de esos bienes. La difusión tecnológica no trata sólo del instrumental material del que se vale el hombre para asaltar a la naturaleza y modificarla, sino también del utillaje mental que a menudo le precede. Este libro es una buena muestra de todo lo anterior. Hasta el siglo XVIII, más que a un tema de estricta superioridad tecnológica, la preponderancia europea en el mundo podría atribuirse mucho más a la acción de sus instituciones (códigos, propiedad privada, burguesía, etc.) que prepararon su expansión por el mundo y quizá sobre todo también, a la manera como a través de la conquista de nuevas tierras y el colonialismo, lograron integrar vastos espacios, mercados y recursos a su propia dinámica económica y social. La irrupción de la Revolución Industrial europea y norteamericana trastoca profundamente, sin embargo, los términos de esta relación. El adelanto tecnológico se convierte en una realidad y la transferencia de saberes, implementos técnicos y maquinarias, se vuelve mucho más unidireccional y masiva. Sin embargo, nos parece genuino preguntarnos no solamente cómo y en qué medida los europeos encontraron una fuente de bienes primero y un más tarde un mercado y una salida para sus productos tecnológicos en la América española. Es importante explorar también qué manera los americanos abrevaron de esa modernidad técnica europea, de esos nuevos saberes y prácticas dándoles un sentido distinto y haciéndolos funcionar de maneras muy diferentes respecto de lo que sucedió en Europa y la América del Norte. Este libro es una contribución en ese sentido y es fruto del trabajo realizado en el marco del proyecto del Grupo de Investigación Internacional-AAA (Agricultura, Alimentación, Abastecimiento) que por varios años ha interconectado a instituciones europeas con México.

Derechos de propiedad y crecimiento económico en la historia agraria
De acuerdo a la economía institucional, las instituciones serían agentes esenciales del progreso económico y del progreso agrícola. Contar con derechos de propiedad claros constituye un factor de crecimiento de la producción y un sistema de propiedad perfecto sería una condición prioritaria para alcanzar el progreso en la agricultura. Por ello se realizan los cercamientos en Inglaterra, mientras que en Francia la revolución y el Código Civil y su adopción más allá de sus fronteras, serían los motores del desarrollo económico en el campo; con la salvedad de que no existieron cercamientos en Francia, ni un código civil y un derecho de propiedad absoluto en Inglaterra. Sin embargo, la gran propiedad inglesa habría acompañado la innovación, mientras que la pequeña propiedad francesa no la experimentaría tanto. Un derecho de propiedad absoluto, perfecto, facilitaría, entre otras cosas, la circulación de la propiedad a través de un mercado inmobiliario liberado de las trabas que le impiden funcionar. A su vez, un mercado inmobiliario activo permitiría asegurar una selección de los mejores agricultores y promovería un aumento de la producción. Este libro examina estas construcciones ideológicas que no siempre acompañada la realidad en la medida en que transmiten muchas inexactitudes y contradicciones. No está claro, por ejemplo, que la propiedad imperfecta sea un obstáculo para el crecimiento de la agricultura. Tampoco es evidente que la desaparición de todas las formas de propiedad superpuestas y de sus usos, o la supresión de propiedades colectivas, sean necesarias para lograr una revolución agrícola, ni tampoco indispensables para acelerar la circulación de bienes inmobiliarios. No se ha comprobado que un mercado inmobiliario dinámico sea sinónimo de expropiación del campesinado y que sea favorable a la irrupción de un modo de producción capitalista. Tampoco es seguro que los bienes de manos muertas fueron menos bien administrados que los otros. No es cierto que Francia, por ejemplo, haya sido un país de pequeña propiedad y también es inexacto pensar que los pequeños propietarios hayan sido incapaces de tomar iniciativas para responder a las demandas del mercado. A la luz del examen crítico de estos problemas, un grupo de investigadores europeos y latinoamericanos ofrecen sus contribuciones para aclarar estos asuntos a lo largo de las páginas de este libro.
