Seguí
Sus libros

Diario de burdel
Diario de burdel de Josep-Lluís Seguí, escrita en catalán y traducida por el autor, quedó finalista, tras una deliberación muy reñida del jurado, en la primera convocatoria del Premio La Sonrisa Vertical 1978 a la mejor novela erótica.Seguí dedica su libro a Georges Bataille y, en recuerdo de este «frecuentador de bibliotecas y burdeles», concibe a su protagonista desplazándose en los mismos contextos y, al igual que Bataille ?y el propio Seguí?, deseando y realizando el deseo de la escritura.Desde la atmósfera de disciplinado silencio de la Biblioteca, donde trabaja el joven estudioso de novelas eróticas clásicas, obsesionado por la inquietante presencia de una muchacha, entre ingenua y perversa, que acaba por conducirle a la máxima transgresión, hasta el enrarecido y desordenado dédalo del Barrio Chino, sus bares y sus burdeles, Josep-Lluís Seguí consigue arrastrarnos con él a la vivencia de íntimos y ocultos íncubos.

La amante fea
El manuscrito de Josep Lluís Seguí, La amante fea, escrito en castellano, quedó finalista del XV Premio la sonrisa vertical en reñidísima competición con la novela ganadora. De ahí la recomendación expresa del jurado de que se publicara al mismo tiempo que ésta. Recordemos al lector habitual de esta colección que Seguí había publicado ya con nosotros, en 1979, una hermosa novela, Diario de burdel (La sonrisa vertical 14), en su doble versión catalana y española, que también había quedado finalista, hace quince años, en la primera convocatoria de este premio. Josep Lluís Seguí nos acerca aquí, mediante un lenguaje escueto, sin concesiones, como mediante crudas pinceladas, a la experiencia de un hombre cualquiera, cuya existencia—y especialmente la sexual—se encuentra ya en cierto modo más allá de la vida, en algún punto limítrofe con la muerte. Sus días transcurren en la terrible cotidianidad de la nada, en la que tan sólo el sexo, ya sea en el esporádico cumplimiento de su deber de esposo con Isabel, en el añorante y sublimado recuerdo de Teresa, la amante muerta, en los sórdidos y tal vez suicidas encuentros con Nelia, la amante fea, en la soledad de su propio placer ya inapetente, o aun en la ausentepresencia fortuita de alguna mujer de paso, tan sólo el sexo, decíamos, consigue todavía mantenerlo colgado de la vida. Pero todo el mundo sabe que, desde que el gran Georges Bataille—a quien Seguí con esta novela rinde un renovado homenaje—nos lo revelara con escalofriante lucidez, el sexo, el orgasmo, es algo así como la «pequeña muerte»…, tal vez un aviso, una constante y obsesiva premonición.
