Vicente Vázquez
Vicente Vázquez nació en Cervera de Pisuerga en 1948. Cursó Ciencias Económicas en la Universidad de Valladolid. El ejercicio de su profesión transcurre entre el INE, Renfe, la Universidad, la Comunidad de Madrid y la empresa privada; compaginando su trabajo con la lectura y el cine. Siempre estuvo en su ánimo escribir sus propias novelas, aunque, como dijo el gran Francisco Umbral, nada es tan apasionante como ser un buen lector. Ésta, su primera novela, forma parte del sedimento que dejan las emociones, una vez soportado el sabor agridulce de lo vivido. A veces tan amargo como la muerte y, sin embargo, lleno de contrastes y enseñanzas inolvidables, no necesariamente negativas.
Sus libros

A la vuelta de la esquina
A la vuelta de la esquina hay siempre un no se sabe qué, que altera la vida de las personas de forma irremediable. Súbitamente se percibe que los fantasmas del pasado gozan de buena salud y no dejan de hacer apariciones esporádicas. Incluso los hijos de los que vivieron la guerra civil, por transmisión hereditaria, acaban resultando pasivos beneficiarios de las estelares actuaciones de estos impertinentesseres incorpóreos, tal como se descubre al final de la narración.

CICATRICES - Vicente Vazquez
El sueño puede ser la tabla de salvación cuando, tras la tormenta, solo queda la inmensidad del mar, y la diferencia entre lo que uno es y lo que quisiera ser se extiende hasta la infinita línea del horizonte, carente de toda esperanza. Entre la vigilia y el sueño hay un espacio ignoto donde nadie puede habitar. Es el momento en el que perdemos la conciencia; estamos dormidos, pero sin saberlo y sin capacidad de soñar. O tal vez sí, pero sin darnos cuenta de que lo hacemos. En realidad no nos damos cuenta de nada, ni siquiera de estar vivos. Sin embargo, a veces, algo se nos viene a la mente. Tal vez un recuerdo que ya hemos vivido con anterioridad. Y cuando esto sucede suele ser frecuente que no sepamos discernir si lo hemos vivido o lo estamos soñando. A los personajes de esta narración les ocurren tales fenómenos de una forma más frecuente e intensa que al resto de los mortales, sobre todo al protagonista; y no parece haber motivo fácilmente identificable que lo justifique. Pudiera ser consecuencia de una necesidad perentoria de escape de una dolorosa realidad o, si se prefiere, desconcertante. En cualquier caso, la mejor forma de poner tierra de por medio, cuando las cosas se ponen feas y no se tiene la posibilidad de abstraerse de las circunstancias, consiste precisamente en negar la realidad; convertirla en el fruto caprichoso de la mente, de la imaginación o del sueño que, al final, todos ellos son tributarios del mismo dios. El protagonista de este relato, sin saberlo, llegó pronto, por diferentes razonamientos, al convencimiento de que su punto de fuga, su escapatoria, pasaba por el refugio en la noche. Fue así como ocurrió que, ajeno a los designios de los dioses y sin saber lo que le estaba sucediendo, Nix, madre de Hipnos y abuela de Morfeo, se convirtió en su generosa protectora. No solo no le hacía preguntas incómodas, ni le exigía explicaciones de su errática conducta, sino que, además, siempre estaba dispuesta a proporcionarle el sueño más oportuno en el momento que más lo necesitaba. Y lo más sorprendente fue que lo hacía de forma anónima, sin pedir nada a cambio. Ni siquiera el propio favorecido supo nunca de su benevolencia. El sueño en el que se sumergía era tan profundo que generaba una realidad alternativa, después de zambullir su cuerpo en el río del olvido que bañaba, con sus cálidas y apacibles aguas, los fosos de los palacios contiguos de Hipnos y Nix enclavados en los recónditos valles del Olimpo. Gracias a este privilegio disfrutó desde siempre de una gran facilidad para superar las dificultades que le salían al paso, que no eran pocas. Aprendió instintivamente a recurrir al olvido y a la transformación de la realidad en sueño, y viceversa, según le resultará más oportuno en una u otra circunstancia. Y así fue como sus heridas curadas se convirtieron en invisibles cicatrices.
