
Viktor Mijáilovich
Viktor Mijáilovich nació en Rusia y creció en Valencia, en el seno de una familia de clase media. Sus padres estudiaron en la Facultad de Economía de la Universidad de Valencia. Durante su etapa escolar tuvo su primer contacto con los grandes autores de la filosofía, aunque optó por un itinerario técnico que lo llevó a cursar el bachillerato tecnológico y, posteriormente, a graduarse en Ingeniería Aeroespacial por la Universitat Politècnica de València. Con el tiempo, su vocación pedagógica lo impulsó a completar un máster en educación.
Su libro

Filosofía underground
Diez filósofos de distintas épocas suben a un vagón del metro de Valencia sin saber quién los ha reunido ni con qué propósito.
Desde Platón y Aristóteles hasta Nietzsche, Marx, Hume u Ortega y Gasset, cada uno encarna una forma diferente de mirar el mundo, de entender el poder, el conocimiento, la moral, la libertad o el alma humana. El tren avanza por la ciudad, pero más que un trayecto físico es un recorrido por las grandes ideas que han dado forma a nuestra civilización. Las estaciones, cargadas de simbolismo —una universidad, un museo, una iglesia, un tribunal, una prisión, una escuela—, se convierten en escenarios vivos donde sus pensamientos se encuentran con la realidad del presente. En cada vagón viajan también pasajeros reales: un tiktoker provocador, un joven en silla de ruedas, niños con uniforme escolar, obreros dormidos, madres agotadas, estudiantes distraídos. Ellos, sin saberlo, son el detonante de los debates más intensos. Las ideas se rozan, se contradicen, se interpelan. Nadie tiene la última palabra. Nadie puede bajarse. La fuerza de esta historia no reside en un argumento cerrado, sino en el diálogo entre coordenadas que a menudo parecen incompatibles: razón y fe, libertad y autoridad, subjetividad y verdad, deseo y deber, esperanza y nihilismo. Como si en ese vagón se jugara —en presente continuo— la lucha misma por entender lo humano. Filosofía Underground es un viaje provocador, irónico y profundo por los dilemas que siguen latiendo bajo la superficie de nuestro tiempo. Porque lo que mueve el mundo no son las respuestas, sino el encuentro —a veces áspero, a veces luminoso— entre quienes se atreven a hacerse preguntas incompatibles.
