Hubo un tiempo en el que los peregrinos iniciaban su camino desde la puerta de casa. Con el paso de los días, se veían obligados a caminar maltrechos y careciendo de alimentos, ropa de abrigo o calzado. Al llegar a los pueblos o aldeas, llamaban a las puertas implorando caridad, reci-biendo como respuesta un «Dios te ampare, peregrino». Donde les sorprendían los temporales o les pillaba la noche buscaban refugio. Las enfermedades, la humedad, el frío o el hambre fueron causa de muchos fallecimientos, y sus cuerpos eran enterrados de manera anó-nima allá donde se les encontraba. La historia que aquí se relata trata de aquellas épocas.
Aún no hay valoraciones. ¡Sé el primero en valorar este libro!