No es un libro.
Es una marea que sube cuando nadie mira.
DesAMARres reúne incendios, recaídas y veranos con sal en la piel. Una voz que aprendió a sobrevivir fingiendo, a amar sin red y a tocar fondo con los labios pintados decide, un día, elegirse.
Entre el mar gallego, que todo lo limpia, y la ciudad, que a veces asfixia; entre amigas que son hogar y amores que enseñan a soltar, estos textos construyen un territorio donde la herida no se esconde: se nombra.
Aquí el orgullo no es consigna, es respiración.
La sororidad no es discurso, es abrazo.
Y la memoria (personal y colectiva) es raíz que no se arranca.
Desamarrarse no es huir.
Es dejar de atarse a quien no sabe quedarse.
Y volver al sol. Aunque sea diciembre.
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