Qué decir más allá de lo escrito en los versos salvo anotar ciertas líneas y grietas que sin saberlo sé que lo sostienen. Ella quiso decir es un libro de fermentación lenta, viene de una matriz de escenas, imágenes, palabras. Multiplicada en la metamorfosis de la lengua en la que vivo, la lengua que habita mi propio devenir, me hago preguntas desde el desasosiego y las incertidumbres. La palabra me bulle, silabea, atraviesa contornos y se ahonda en el cuerpo. Me sumo en este punto a las palabras de Clarice Lispector cuando afirma «Te escribo porque no me entiendo».
A medida que escribo se desgajan erráticas las causas que la razón del verso sintetiza. Y desnuda. Vestigios, huellas en movimiento, miscelánea en un fondo fluido de cinta de Möbius. Ella quiso decir tal vez demanda ser leída como grito.
En Ella quiso decir está la querencia de decir lo indecible y la carencia de haber sido escuchada en ese imposible de decir. Por eso la poesía es un cauce donde no hay cercos ni prohibición. Rompe discursos y sintaxis.
Ella quiso decir ha ido amasando las formas del poema en un periplo de exilios interiores y de depuración, hasta llegar a un verso que apacigüe esa inquietud hablante de mi querer decir.
María Ángeles Rodríguez
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