1911. San Miguel (Argentina)
Habían pasado ya cuatro años desde su viaje al Palmar. Jayah se había despertado radiante, había vuelto a soñar con ese lugar idílico, con grandes palmeras yatay y las flores batacolís en sus copas, ese remanso de paz inmerso en la naturaleza, poblado de infinidad de pajarillos multicolores que alegraban el lugar con sus trinos, y preciosas mariposas de la tarde con su característico color arrujilé, manchitas variadas gallardís y pequeños detalles azulosos… Era un precioso momento que rememoraba con asiduidad, tanto despierta como sumida en sus profundos sornindois.
Así comienza el esperado desenlace de la historia de Jayah y su familia, que mantiene y se sustenta en los pilares de La sibila romaní y ahonda, si cabe, aún más en ellos: los sueños premonitorios, su simbología y la de los colores que les sirven como guías y metáforas; las visiones del futuro a través de la cartomancia y asiendo las manos de las personas; las noches de leyenda con la luna y la hoguera como testigos; la comunicación y el reencuentro con entidades o seres de otro plano y dimensión…
Esta entrega no estará exenta de peligros, desdichas y muertes; no obstante, la fuerza, valentía, empatía, resiliencia y determinación de los personajes los ayudarán a superar las pruebas infaustas que los persiguen y hostigan en la vida.
Nos encontramos, una vez más, ante una historia de superación, magia y fantasía que nos aporta un nuevo y claro mensaje: «Nuestro cielo será el momento más maravilloso que hayamos vivido».
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