Imperio Romano, 384-386 d. C. Mientras las tensiones políticas entre el emperador Teodosio en Oriente, Valentiniano II en Italia y el usurpador Máximo en Occidente fracturan el poder, una profunda lucha cultural y religiosa desgarra la sociedad romana. La ascensión del cristianismo, que se infiltra en las esferas de poder y desmantela los templos paganos, genera una férrea resistencia entre la aristocracia senatorial, liderada por figuras como el prefecto Simmaco, quienes buscan preservar la tradición y la estatua de la diosa Victoria. En este clima de conspiración política y fanatismo, las vidas de ciudadanos, militares y esclavos se ven alteradas por la intolerancia y el choque entre el orden antiguo y el emergente mundo cristiano.
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