Si veo un pájaro en el aire me digo: vuela. Si veo a mi amiga me digo: existo (repito, ‘me digo’. Lo cual no es un decir por decir, convengámoslo. Es un decir de duda, pues lo que en realidad me planteo es si yo existo –y ahí está el rintintín de la cuestión– en cuanto que considere si ella está por mí o no. Una hipótesis, vaya)...
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Tengo un amigo –multipremiado intelectualmente– al que un día, en comentario fraternal, le expuse: Para mí tengo que, en esta nuestra vida, nadie esencial mente es bueno como tampoco lo es esencialmente malo. Fue al pronunciar esta vieja palabra cuando él –intelec tualmente multipremiado– aprovechó para levantar el dedo y decir:Yo sí.
(Y punto).
Nota bene: ahí termina, o comienza, la Historia
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