Conforme al artículo constitucional 57.1. la vigente monarquía es la legítima heredera de la dinastía histórica. A ella nos remitimos al aproximarnos al origen de la misma, en particular, a los Borbones, introducidos en España con Felipe V. Con el cambio dinástico se iniciaría en España el Despotismo ilustrado en el Siglo de la Ilustración, pero asumiendo el contenido histórico, religioso y simbólico de la Monarquía Hispánica de los Habsburgo españoles. Restaurada la monarquía en 1975 a través de la legislación de la dictadura, el retrato de Felipe V vendría a presidir el despacho del Rey Juan Carlos I durante todo su reinado, hasta su abdicación en 2014. Un pasado de trescientos años que, por otra parte, no acabaría de concluir. Pues aún permanece la tensión entre Estado unitario, descentralizado o federal, en particular en materia contributiva, el valor instrumental de la imaginería civil y religiosa y la voluntad política de recuperar la soberanía sobre el Peñón de Gibraltar, además de una lejana relación consanguínea entre las antiguas familias reales europeas como último vestigio de la sociedad estamental del Estado Moderno.
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