Marina Celeste, a sus cortos siete años, ya era huérfana, perdió a su único hermano, sufrió un secuestro, malos tratos, humillación y padeció hambre y miserias. Con tan solo quince años, quedó viuda con dos hijas, sufrió una violación, abandono y un sinfín de vejaciones. A los veinticuatro años, conoció a un chico llamado Ángel, cinco años menor que ella, con quien vivió una bella historia de amor. Por fin se sintió feliz durante los siguientes años, a pesar de que la familia de él se oponía a esa relación; pero él la amaba y no le importó lo que le decían: «Una mujer mayor que tú y con cinco hijos». Se ganó el respeto de todos, se consideró dichosa durante mucho tiempo, hasta que llegó la otra. Soportó la humillación de la traición entre conflictos y discusiones. Sin embargo, Marina Celeste, una mujer con carácter, firme ante las adversidades, a pesar de las tragedias vividas, da ejemplo; si se cae mil veces, se levanta las veces que sean necesarias, convencida de que hay que librar cada batalla que se presenta a lo largo de la existencia. A pesar de todo, cree que la vida es bella, que tenemos que sonreírle mientras se tenga, que a las lágrimas hay que envolverlas en dulzor para así seguir disfrutando hasta el último día. Ella se deja influir con su criterio muy propio y arraigado: «Que entre todo lo malo hay un bien escondido», y que hay que intentar encontrarlo, sin perder jamás la esperanza. Pese a que los infortunios lleguen de manera inesperada, siempre tenemos que buscar un motivo, por muy pequeño que sea, para seguir adelante.
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