Somos fuertes en esta universidad como parte de la estructura de un gran árbol que se nutre de los impuestos absorbidos por las raíces que conforman la savia bruta, la cual, convenientemente distribuida por los presupuestos, nos llega a través del tronco para que la trasformemos en vivificante savia cultural y profesional. Somos una rama principal de un cuerpo impresionante. Al menos, eso parecía hasta que increíblemente desaparecieron de manera criminal algunos de nuestros cerebros más preciados y entramos en la crónica negra, como si fuésemos la rama quebrada y astillada que rubrica una podredumbre interna capaz de acarrear la ruina de todo el bosque.
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