En marzo de 1928, Almudena de Rojas tuvo que alejarse del profesor latino del que estaba enamorada, Pietro Corneli, en una lucha encarnizada con su corazón y las imposiciones mordaces de la España e Italia de finales de los años veinte. La tragedia de estos amantes, un hombre casado, sin posibilidad de deshacer el juramento dado ante Dios, y la joven, destinada a cuidar de su padre viudo entre los muros de la Universidad de Granada, se verá reflejada en la leyenda de la Peña de los Enamorados. Aprovechando su privilegiada situación personal, Almudena emprenderá una arriesgada aventura que se convierte incluso en una obsesión: la investigación, desde Antequera, de las identidades del cristiano y de la mora que por amor, en el siglo XIV, fueron perseguidos hasta propiciar el salto mortal desde la peña. Una vez asentada en la región del Guadalhorce, en este alarde de justicia social y haciéndose pasar por un delicado mozo, conocerá al jovencísimo bandolero Antonio Guzmán, el Gazapo, con el que además compartirá forzosamente estancia y entrañables momentos que la harán plantearse el tipo de relación inconsistente que mantiene con Pietro. A través de las páginas del relato de su memoria, Almudena volverá a creer en ella misma inspirada por la fuerza de la Andalucía rural y sus vientos de lucha por la libertad que ha ido conociendo gracias al Gazapo. Así pues, será guiada por este marginado social y su caballo Chumbo, conociendo de primera mano una serie de enclaves, pistas y acertijos históricos que los llevarán hasta las misteriosas «Lágrimas del Guadalhorce».
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