Siempre habrá una única obra para un único autor. Así es el arte. Cada pieza no es sino un segmento que complementa al anterior y, a la vez (¿podría decirse sin una predisposición manifiesta?) condiciona o se adapta en rara armonía con el siguiente
“El hombre es el sueño de una sombra” dejó escrito Píndaro de Tebas. De ahí la tristeza como asunción de una derrota primigenia; la melancolía como la sombra triste de nuestro paisaje humano de soledad, allí donde está lo que sentimos y no podemos explicar, lo que anhelamos y a lo que no alcanza nuestra exigua libertad
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