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Por fin, después de tantos años, el protagonista empezará a descubrir toda la verdad que tanto anhelaba. No obstante, entrará en una espiral de emociones que le llevará poco a poco hasta la propia desesperación sin casi ser consciente de ello y sin tener en cuenta todas las consecuencias.
En este segundo libro, Carlos tendrá la llave para abrir el baúl de esos recuerdos y poder disfrutar de todas las emociones que estarán por llegar, aunque dista mucho de la realidad con la que se va a enfrentar. Por el contrario, su madre y Ana irán descubriendo la realidad de cómo es él y cada vez les costará más protegerse de ese gran secreto.
Una y otra vez repite que quiere conocer todo el pasado porque, entre otras cosas, está convencido de que forma parte de uno mismo, pero cuando las consecuencias por querer conocerlo se le vuelven de nuevo en contra, descubrirá el precio de su vanidad.
No aprendió suficiente con la experiencia que vivió durante «Las confesiones de Ana», que ahora, en «El juego de Édouard», decide terminar con todo por querer saber hasta el último de los secretos.
Nunca podrá entender que, de haber dejado el pasado encerrado y bajo llave, podría haber aprendido a ser feliz y, en cambio, ahora tan solo sabe perderse en el tiempo.
Siempre he considerado que nuestro pasado es una parte importante de nuestro presente. Por eso, vuelvo a repetir que recordarlo es bueno, pero, como dijo Shakespeare: «el pasado es un prólogo».
Carlos Alemany, adicto y enamorado de sus islas Baleares, esconde su nombre bajo este seudónimo con la intención de utilizarlo como realmente querían bautizarlo y con el apellido que tanto orgullo le recuerda a su madre, a quien echa de menos desde los veinte años.
La historia que aparece en este libro no hace alusión a la realidad vivida durante sus años más jóvenes. Siempre le gusta recordar con mucho cariño ese pasado y se apiada de gente como nuestro protagonista que tantas miserias descubrirá y que, tal vez, haya algún lector que por alguna razón inesperada o de forma accidental se pueda ver un tanto reflejado.
Con la próxima y última entrega de esta historia, llegaremos a su fin y dará por finalizado su primer atrevimiento como humildemente se describe con la palabra «escritor».
Siempre recuerda su tierra y aprovecha para invitarles a conocerla, puesto que no solo le ha brindado los mejores momentos y, por qué no decirlo, sus años más difíciles, sino que le ha servido para sumergirse en esta historia tan complicada de digerir y a la vez que tan fácil emociona.
Este segundo trabajo ha sido un poco más elaborado a la hora de escribirlo, puesto que la trama del primero así lo ha exigido, dejando algo de misterio para ese tercer y último viaje. Espero de corazón disfruten con El juego de Édouard.
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