“Desperté en un rincón olvidado del mundo, con la sal pegada a mis labios y la soledad de una playa casi irreal. De pronto, la brisa trajo consigo una voz pequeña, ligera como una pluma.—Por favor, ¿puedes cantarme una canción?”A vosotros, que alguna vez fuisteis niños y contasteis estrellas con la ingenuidad de quien aún cree en la magia, esta historia os llegará al corazón.Pero si sois adultos serios, siempre ocupados en asuntos “importantes”, tal vez no veáis lo que yo vi en aquella isla. Quizá ni siquiera escuchéis esa voz pidiendo una canción, como si fuera lo más urgente del universo.Esta es la historia de cómo conocí a Lumín. Descubriréis que a veces basta un encuentro inesperado para recordarnos lo inmenso que puede ser el cielo... y lo sencillo que es redescubrir la magia en las cosas simples.
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