Hay vidas que no se pueden contar de un tirón. Hay que leerlas a trozos, como quien recoge cristales rotos con cuidado de no cortarse.
Este libro es eso: la vida de Óscar, pelirrojo y punk, con TDAH, Tourette, miedos y mucha verdad. No hay capítulos, ni orden, ni moraleja. Solo fragmentos que se sostienen unos a otros como pueden, como hacemos todos.
Entre versos, prosa poética y fogonazos de memoria, el autor se desnuda sin filtros. Habla de la ansiedad como quien la ha abrazado muchas noches; del amor como quien lo ha perdido mil veces; de la amistad como una trinchera; de la política como una forma de afecto. Y del cuerpo —siempre el cuerpo— como campo de batalla y única casa posible.
Es un poemario que no embellece el dolor ni endulza la lucha. Pero en cada texto hay una resistencia íntima, una ternura furiosa, una honestidad que, a veces, duele y, otras, abraza.
Es un libro que se queda contigo, incluso cuando cierras sus páginas.
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