Durante el convulso siglo XIX, atravesado por conflictos bélicos, transformaciones políticas y el auge del pensamiento liberal, la tauromaquia vivió una de sus etapas más decisivas. Este libro ofrece un retrato minucioso y apasionante de los toreros que tomaron la alternativa, rito que se afianzó como piedra angular durante aquella centuria.
Además, explora la expansión de la corrida a la usanza española en América, con especial atención a México, donde la lidia encontró un terreno fértil para florecer con identidad propia. Una obra que entrelaza historia y toreo, revelando los vínculos culturales que unieron a ambos lados del Atlántico.
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