«La poesÃa de Candelaria Villavicencio rompe todas las leyes de la sorpresa. […] Su verbo, rico en matices imaginarios, deambula por la sintaxis como su imaginación y sus sentimientos deambulan por su cerebro —demasiado estrecho para su derrame verbal—; y salta los lÃmites del yo para adentrase en el otro, otro que no ofrece fronteras, como no ofrece fronteras el cosmos en el que Candelaria vive; o ¿no es, tal vez el cosmos el que se pierde por los meandros del cerebro de nuestra poeta? Desde esta perspectiva, el poema de Candelaria (algunos dÃas se llama Lali y otros Mujer) puede nacer en deriva sintáctica de frase alargada o en un verso corto, cortado, monosÃlabo a veces, capaz de crear un agujero sin fondo. Poemas sin puntuación o poemas con versos de punto y aparte, que nos ofrecen un tránsito leve o vaporoso o un tránsito a saltos de mujer-gacela, canaria herida». Javier del Prado Biezma
[…] «considero que sus poemas están a la altura de los mejores que se pueden leer dentro de la literatura española del siglo XX y de este siglo XXI.
[…] Lali es de esas personas de las que siempre se puede aprender, quizá porque es de las pocas poetas que, en realidad, no es poeta, sino la poesÃa en sà misma. Aun asà me convencen su riqueza léxica y semántica, sus hermosas metáforas, su claridad expositiva, la honestidad de su propuesta poética». Justo Sotelo
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