Barcelona es una ciudad que respira a golpes, entre humo de coches, vasos rotos y promesas políticas que suenan como jingles caducados. Pero también late, porque entre las aceras manchadas de alcohol y sexo improvisado hay destellos de ternura que se resisten a morir. En Náufragos de asfalto, la ciudad se convierte en un escenario salvaje: bares donde la noche se derrite en cuerpos sudorosos, barrios donde la violencia se esconde tras cada esquina, y avenidas que huelen a fracaso colectivo y a sueños vendidos al mejor postor. Sin embargo, entre el vómito de la madrugada y el cinismo de los discursos oficiales, todavía aparece el amor, torpe y contradictorio, como un faro en medio del ruido. Un amor que no salva, pero que al menos ofrece un respiro, una tregua frente a la decadencia.
Esta novela no es una postal bonita ni un cuento moral: es un viaje visceral por una Barcelona que se desangra y se acaricia al mismo tiempo, donde los náufragos del asfalto descubren que, incluso entre ruinas, hay espacio para aferrarse al calor de otro cuerpo y creer, aunque sea por un instante, que la ciudad aún puede enamorar.
Aún no hay valoraciones. ¡Sé el primero en valorar este libro!